No habiendo fecha que no se llegue y plazo que no se cumpla, el doblemente electo presidente constitucional del H. Ayuntamiento de Morelia, tomó posesión y rindió protesta constitucional el pasado miércoles 15 de agosto en un espacio abarrotado de simpatizantes y en un escenario nuevo, gema de la administración anterior, en cuyo complejo total se realizó multimillonaria inversión, que, como muchas de ellas – por no ser lo que se necesitaba -, podrían ser elefante blanco.

En el acto, frente a invitados propios y extraños, el nuevo munícipe convocó a la suma de voluntades para construir una mejor Morelia. (Mas la construcción de Morelia ya fue hecha hará 470 años. Lo tal vez quiso decir el señor presidente fue invitar a trabajar a toda la administración municipal tener una mejor ciudad en donde los servicios públicos, los servicios administrativos, las condiciones de vida y el clima social ofrezcan más y mejor condiciones para vivir, trabajar y descansar, individual, familiar y socialmente. La convocatoria debe ser entre ellos, para beneficio de todos los que viven y visitan la ciudad y sus tenencias).

Y así lo expresó: Nuestro compromiso es mejor los niveles de vida de los morelianos. (Y la pregunta surge: ¿Y cómo le va a hacer? ¿Cómo le hará? Porque es cierto, la ciudad espera resultados concretos y planes sustentables – más que planes, programas y más que programas, acciones – de gobierno los que no son fáciles de alcanzar).

Más allá de los discursos, el municipio de Morelia, la capital del estado – y por ampliación, todos los municipios estatales– espera, esperan, resultados en corto tiempo: la ciudad es rehén de los movimientos sociales, de los precaristas, de los inconformes, de los grupos de presión – cuasi profesionales, casi mercenarios -, tiene confusión en cuestiones sencillas como las autoridades de vialidad y seguridad municipal; las calles, avenidas, bulevares y demás, en época de lluvias – como la actual – se encharcan en volúmenes de agua que, diferencias de calificaciones no sirven para evacuarla y se ahogan las calles por falta de capacidad de drenaje y alcantarillas; las calles están quebradas, la carpeta asfáltica es una epidermis con el grosos de tela de araña o de luz de luna, la inseguridad, en grado superlativo, convive con nosotros y no hay poder humano que la detenga, las calles, aceras y demás vialidades son devorados por el comercio informal y por establecimientos comerciales, losa servicios públicos determinantes como la colecta de la basura domiciliaria están en manos de particulares, lo que indica que el servicio público haya desaparecido, etc., etc.

Conocidos los nuevos funcionarios municipales se evidenció que casi son los mismos, únicamente giró unos grados la canasta de los puestos públicos, lo que implica o compromisos o continuidad, lo que se tiene muy poco tiempo para saberlo, pero lo que sí se sabe es que el municipio de Morelia tiene una infraestructura una súper estructura administrativa formada, acaso, por el triple del personal necesario para ser eficientes, se tiene áreas con servicios duplicados, personal de más e instituciones que son elefantes blancos o máquinas del movimiento perfecto: Muy bonitas, pero inútiles, o mínimamente utilizadas – no subutilizadas – y eso impacta en los recursos para el municipio. En concreto, el ayuntamiento gasta más en administración que en servicios, que en inversión en la ciudad, en el hombre.

Acciones sustentables: Programa de austeridad, reducción de personal, reducción de salarios de los funcionarios – empezando por el del presidente y su staff -, limitación de gastos superfluos, innecesarios – lo de siempre y que no harán, como siempre –, los contratos sucios y de negocios oscuros, combatir la corrupción y, básico, invertir más, mucho más en la ciudad y sus servicios para tener un municipio con mejor ambiente de convivencia social, que no reciba con balas ni ofrezca baños de sangre.