Haciendo a un lado todo el encaje legal, desde la Constitución Política de la República, al Ley federal de Educación, la Constitución política propia del estado, su ley de Educación y las leyes secundarias que de ellas emanan, la mayoría de los residentes-habitantes de la Ermita=La Nueva Jerusalén, se enfrentaron de pensamiento y obra con sus antagonistas, por las simples sin razón de sus razones: el dogmatismo de unos y la libertad de conciencia de los otros. Los “dogmáticos“, seguidores del Obispo-Cardenal-Papa o lo que sea y se llame el que los controla, dirige y guía y los liberales.
Los primeros desean, quieren y exigen, demandando, que ellos deben dirigir al formación escolar=dogmática-escolar de sus hijos, por lo que no quieren maestros y colocaron cadenas para evitar su acceso a la zona de guerra=nadie, su territorio. No desean los servicios educativos del Estado.
Y los liberales, llamémoslos “laicos”, que, apoyados en las garantías individuales, en los derechos humanos y la Constitución Política de la República Mexicana – y del estado de Michoacán – y sus leyes secundarias, reglamentarias, solicitan y demandan, la educación laica para sus hijos.
Así de simple. Pero no es tan simple su solución, sobre todo porque está el dogmatismo y el fanatismo de por medio.
Y esas dos condiciones en el desarrollo de los pueblos han generado casi el 95% de todas las guerras entre las sociedades-pueblos-Naciones=Estados – que con la ambición de poder, son la causa de todos los comportamientos beligerantes de la humanidad. En nuestro país, esta polarización fue la base del surgimiento de la llamada Guerra de las Cañadas, en Chiapas, y que reventó el primero de enero de 1994 y el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del encapuchado – pasamontañas, en realidad -, Comandante Marcos, alias Raúl Sebastián Guillén. Y nuestra Historia nacional está llena de casos como éste. No está muy lejana la Guerra de los Cristeros, que hasta santos tiene en el firmamento.
Por otro lado, si bien es cierto, los hijos de los llamados laicos tienen el derecho de recibir la educación que establece la Constitución General y el Estado, en sus tres niveles de gobierno, tiene la obligación de imponer-convencer-aplicar-ofrecer los servicios educativos con contenido nacional y de libertad de conciencia y de cultos, el estado toma en sus un asunto que debe resolverlo la Iglesia Católica.
¿Dónde está la solución?
Frente a esta polarización y los escenarios políticos y la ponderada debilidad del Estado – en sus 3 niveles – es muy difícil construirla, porque no hay disposición de las partes para aceptar el cumplimiento de la Ley y prefieren hacer a un lado el Estado de Derecho y regresar al oscurantismo y feudalismo.






















