El caso del presidente de la república de Filipinas, Rodrigo Duterte, es, o debe ser, motivo de un serio, formal y profundo y muy profesional estudio sociológico, político, y hasta psicológico.
El actual presidente ascendió a la presidencia de Filipinas, con una propuesta= oferta=promesa muy sui géneris: acabar con el narcotráfico, la delincuencia e impunidad, sea cual sea el costo, aun con el costo de vidas y, complementó, con la oferta de recompensas a quienes denunciaran o mataran a un delincuente. ¡Y ganó! Y es presidente de la República desde junio del presente año: tiene poco más de cuatro meses ejerciendo la autoridad presidencial.
Como antecedente, fue candidato al departamento-estado – de Davao, con su propuesta inicial: acabar con la delincuencia, narcotráfico, corrupción, impunidad y regresar la tranquilidad de la sociedad. ¡Y Ganó! Lo más importante es que cumplió su oferta de campaña y la delincuencia, narcotráfico, impunidad y corrupción casi desaparecieron: Puso en práctica represiva política contra el rimen y fue acusado de apoyar escuadrones de la muerte para matar a los criminales, muchos de ellos, de bajo nivel y vendedores de drogas de poca monta. Además, aboga por un programa de recompensas para acabar con los capos de las drogas y, como complemento, ha criticado de manera abierta a Estados Unidos, a la Organización de las Naciones Unidas y a la Unión Europea, después de que condenaron la violación de los derechos humanos cometidas en sus campañas contra las drogas y – ha rechazado reunirse con el secretario general del Consejo General de la ONU, Ban Ki Moon, tildó a las Naciones Unidas de inútil y amenazó con sacar a Filipinas de la ONU.
Ahora como presiente de la República, está siendo cuestionado por extranjeros pro el prurito de los “derechos humanos” de los delincuentes, y no toman en cuenta los derechos humanos, las garantías individuales, sociales y constitucionales de las víctimas.
El pasado viernes 30 del presente, al regresar de un viaje oficial a Vietnam afirmó: Hitler masacró a tres millones de judíos. Hay tres millones de adictos a las drogas en Filipinas. Yo estaría feliz de matarlos. Si Alemania tenía Hitler, Filipinas tendrá más víctimas que quería que fueran todos los criminales para acabar con el problema de este país y salvar a la próxima generación. Y como lo han críticas amplia e intensamente por su política antidrogas, sus críticos lo han perfilado como Primo de Hitler y/o como retrasado mental). Esas declaraciones no fueron del agrado de Israel ni de Alemania.
Desde que asumió la presidencia de la República, Rodrigo Duterte ha encabezado y supervisado una cruenta=sangrienta represión contra consumidores y vendedores de drogas, y, además, ha abogado por la pena de muerte.
De acuerdo con datos oficiales, más de tres mil personas han muerto en operaciones de la policía o de grupos paramilitares. Pero para el presidente filipino esa cifra aun no es suficiente y, abiertamente advirtió que “iba a matar a 100 mil criminales para reducir el crimen en el país”.
Realmente, nadie debe meterse en los asuntos internos de la república de Filipinas; quien debe hacerlo es su pueblo y si le está dando resultado – tranquilidad y estabilidad social -, allá ellos.





















