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El debate sobre la legalización de las drogas se ha abierto espacio en todo el mundo y cada día que pasa gana terreno en el ámbito de la academia, de la política, de los organismos internacionales y de la ciudadanía. El tema está en las conversaciones de todos los días.

Un dato alentador es que se dejó atrás el tabú que impedía la discusión y el tema haya pasado a ser parte de la agenda pública. La lucha por la legalización será larga, muy larga, pero terminará por imponerse.

La falta de visión política y la cantidad de intereses comprometidos hoy día con el enfoque prohibicionista y punitivo, se resiste a la legalización y al cambio de estrategia para enfrentar el problema del narcotráfico.

Quienes están a favor de la legalización proponen de manera reiterada dos argumentos: se reducirían las ganancias de los narcotraficantes y con ello su poder; el tema se ubicaría en el espacio de la salud pública.

El cúmulo de efectos colaterales del enfoque prohibicionista y punitivo en los países productores y de tránsito, que es el caso de Colombia, Perú y Bolivia y también de México y Centroamérica, obliga a una discusión seria sobre el actual modelo.

La evidencia señala que en los últimos 50 años el enfoque  de seguridad pública o seguridad nacional ha fracasado y ha sido la causa de mayores y más graves problemas al que se ha pretendido hacer frente. Urge un cambio de estrategia.

El gobierno de Estados Unidos dice estar listo al debate, pero anuncia también que se opone a la legalización. Su realidad interna contradice su postura y cada día son más los estados que legalizan la mariguana médica. Es probable que California legalice su consumo en forma total en tres o cuatro años.

En la pasada Cumbre de las Américas, celebrada en abril, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, el anfitrión de la reunión, estableció bien el carácter del debate actual cuando propone dar la discusión aunque ésta, en principio, no obligue necesariamente a compromiso alguno.

Él mismo estableció cuál podría ser la agenda que conduzca el diálogo: 1) Considerar “si estamos logrando los resultados que queremos”; 2) Evaluar “si vamos bien o tenemos que revisar” la actual estrategia; 3) Valorar si existen mejores alternativas, “para que el resultado final sea el mejor posible para la humanidad”.

Las autoridades que en México asuman el gobierno el próximo primero de diciembre deberían promover el debate a nivel nacional y también continental, está en la lógica de los intereses del país y sus ciudadanos. México es país de producción y tránsito, pero no de consumo de drogas.

Nuestros vecinos del Norte, que seguirá siendo el mayor consumidor de drogas del mundo en los próximos 50 años, es cada vez más permisible y avanza en la legalización formal e informal del consumo de las drogas. México, de cara a esa realidad, debe trazar su propia estrategia.