Hoy es primero de septiembre de 2016 y de conformidad con el artículo 69° de nuestra constitución, el presidente de la República=titular del Poder Ejecutivo Federal, en la apertura de sesiones ordinarias – en este caso, del segundo periodo ordinario -, presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país, el Enrique Peña Nieto, siguiendo los usos y costumbres desde la administración de Carlos Salinas de Gortari, por medio de su secretario de gobernación o de su secretario particular hará entrega del IV informe de gobierno.
Y de acuerdo con el mismo articulado esperará el análisis de cada una de las H Cámaras y las solicitudes de ampliación de la información para ordenar la presentación de los secretarios de Estado y directores de las entidades paraestatales para responder a las preguntas, por escrito, que le manifiesten.
El tiempo ha corrido y desde la alternancia en el poder Ejecutivo federal por el partido de Acción Nacional, en la persona de Vicente Fox Quesada, ante la imposibilidad física de que el titular del Ejecutivo pronunciara su mensaje político desde el salón de plenos del H. Palacio Legislativo de San Lázaro, los presidentes Ejecutivos federales, iniciando con Vicente Fox y continuando con Luis Felipe Calderón Hinojosa y re tomado por el actual, Enrique Peña Nieto, han ofrecido este “mensaje a la nación” con sus leales y miembros connotados de la cúpula política y miembros de sus respectivos partidos y se llegaron a excesos y si lo que, en un momento se argumentó que el 1° de septiembre era el Día del Congreso, no del presidente y que, para terminar con el boato y aclamaciones, debería de cumplirse fielmente la letra del texto constitucional, con la cerrazón de que el titular del Ejecutivo no hablara a la nación en el recinto de San Lázaro, se ha legitimado lo que no se deseaba: que el día 1° de septiembre sí fuera el Día del presidente y éste le habla a sus cuates y hasta se realiza una ceremonia especial con invitaciones ¡Hasta para comer!
Irónicamente, lo que se quiso fuera una medida-acción para evitar el lujo y las aclamaciones, oficializaron el júbilo y el festejo entre amigos. Parece ser que Enrique Peña Nieto desea realizar esta ceremonia posterior – entrega del mensaje a la nación “con otro formato” y, de entrada ya se difundió que será ante jóvenes, y es muy posible y probable que sea en Palacio Nacional.
Ahora bien, el presidente de la República puede pronunciar su mensaje a la nación como guste, pero solo y sólo debe tener presente, que hablará a toda la nación, no a un grupo, “por muy muy selecto de jóvenes” que sea.
Realmente, el formato anterior, tradicional de la lectura del Informe presidencial, debe regresar a ese modelo – clásico-tradicional -, porque por ser innovador o celoso y hasta egoísta de su papel-rol, el H. Congreso de la Unión ha favorecido la incomunicación entre gobernante y sociedad y el titular del Ejecutivo no habla con su pueblo y sí debe darse un diálogo entre ambos para contar lo bueno – que también es noticia y lo malo, o lo que se tiene en contra, que es positivo que se conozca.






















