Profundamente preocupado por el escándalo mediático por el problema de la Ermita, o Nueva Jerusalem en el Municipio de Turicato, que se le ha dado a nivel nacional, sin conocer los antecedentes del caso y que solo ha servido de nueva cuenta para denigrar a nuestro estado, me recuerda un artículo de Fernando Sabater, publicado en el periódico el país (España) donde aborda con sencillez pero con profundidad, la distancia entre la filosofía, la ciencia y la religión y yo añadiría y la política. ¿Por qué en el siglo del racionalismo Dios ha vuelto a la política y con toda la fuerza? La respuesta obviamente no es fácil. Pero es un hecho que desde el Islam hasta el catolicismo más moderno, Dios está entre nosotros, como razón. Como explicación ultima del ser y como otorgante de nuestros valores familiares, sociales y cotidianos. Pero los peligros asociados, también, el central la intolerancia.
Ya que con singular violencia, diversos grupos e intereses políticos han hecho del asunto de la Ermita campañas y manifestaciones, todos en contra de uno de los grupos, le exigen a la autoridad la aplicación de la ley, hacen marchas con niños a favor de su causa de uno de los grupos.
La autoridad al respecto no debe ser rehén de la coyuntura, ni esclava de las circunstancias, no se puede ni debe combatir un problema social con ocurrencias e improvisaciones si se exige eficiencia en el cumplimiento de la ley primero debe regir la prudencia, si se requiere inteligencia primero debe de haber congruencia y es que la gobernabilidad no puede depender de estados de ánimos, de conveniencia temporal, confundimos las prioridades y nos hundimos en nuestras debilidades, utilizamos la política como mecanismo de intimidación y no como instrumento de legitimación, nos convertimos en cómplices de quienes alientan y alentaron en su tiempo el actual conflicto.
El problema no se soluciona con declaraciones y acusaciones mutuas, el verdadero conflicto está en el silencio que se transforma en desprecio hacia la autoridad. La amenaza no está en la discrepancia ideológica, está en la ineficiencia política, la urgencia no es la reparación del daño en la escuela, sino en la prevención de más delitos. Me consta que durante la dirección de Nabor Cárdenas (familiar de los que usted ya conoce) este tenía un férreo control de la comunidad multicitada y la orientación política era a favor del PRI, por lo que la administración pasada, ya célebre por tantos desaciertos inició labor la zapa con el afán de minar el poderío de su enemigo político, ahí nace el verdadero problema que de manera aviesa los revolucionarios de los gobiernos cercanos a la gente sembraron.
No se puede obtener un capital electoral si primero no se establece un capital moral, no se trata de presumir la fachada institucional, cuando por dentro se actúa como reaccionario, no permitamos que la violencia, degenere a niños y adolescentes y que la frustración se convierta en perversa reacción que desintegre la débil convivencia de aquel lugar, aplicar la ley significa dejar en libertad a ambos grupos de seguir creyendo cada quien lo que le convenga si es que todavía existen la libertad de creencias, de expresión y pensamiento, no se debe permitir el cateo de las fuerzas federales, menos si no existen mandato de autoridad superior, no se debe aplicar la fuerza de la ley porque existen salidas políticas. Recordemos que la represión es signo de incapacidad política.

























