Dentro de los tiempos constitucionales, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación – encargado y responsable por nuestro órgano constitucional de validar la calificación de la elección presidencial del pasado primero de julio -, designó a Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional, presidente electo y desechó por totalmente improcedente las promociones de el candidato de la coalición de partidos autollamados de Izquierda, encabezada por el partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador y le entregó la constancia en al que lo designó Presidente Electo, titular del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos, por el periodo comprendido del primero de diciembre de 2012, al 30 de noviembre de 2018.
Está una situación por resolver: La fuerza que significa Andrés Manuel López Obrador y su predecible o no, comportamiento: o su invitación, su convocatoria a la resistencia – o pacífica o dinámica -: si alguno – como persona o como fuerza o como institución se pasa la raya de la legalidad, estaríamos entrando en un terreno muy difícil y que nadie quiere: La revuelta, la insurrección abiertas o la guerra sucia, la guerrilla, que a duras penas superamos todos no hace más de una generación o la aceptación del fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Cualquiera que vaya a ser su decisión, esta fue la última oportunidad para llegar a la presidencia de la República, pues difícilmente Marcelo Ebrard aceptará que Andrés Manuel sea candidato de la coalición de partidos de Izquierda por tercera vez, en el 2018. Acaso, podría ser candidato de un partido que necesite piso electoral, porque nadie puede dudar o negar que Andrés Manuel es el activo, el capital político, vivo, con mayor peso y capacidad de convocatoria en este momento, dentro de los partido opositores al partido triunfante. Tal vez, para no desperdiciar el poder de convocatoria que tiene, lo recomendable y/o su futuro inmediato, sería ser aclamado presidente del comité ejecutivo nacional del partido de la Revolución Democrática. Sería un excelente opositor del próximo ejecutivo, Enrique Peña Nieto.
Tal vez esa fue una de las razones por la cual el presidente electo invitó, convocó, a la unidad de todos los mexicanos, de todas las fuerzas políticas y económicas, como condición para superar las actuales circunstancias.
Aun siendo claro el futuro inmediato, la sociedad nacional está expectante por lo contrastante de la situación: por un lado la seguridad jurídica y la legitimidad total para Enrique Peña Nieto y por el otro, la inseguridad que plantea la nada insegura determinación de Andrés Manuel López Obrador






















