Por: Carlos Álvarez Acevedo

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se dice listo para resolver la elección presidencial de 2012, al calificarla valida o nula. Y a unas horas de que esto suceda, mi reflexión es más bien una pregunta: ¿de qué sirve que la elección se valide o invalide?

La Sala Superior, con siete magistrados electorales del TEPJF, resolvió las impugnaciones y anuló 0.4% de 25% de las casillas necesarias por ley para invalidar los comicios presidenciales. El TEPJF anuló 524 casillas, de poco más de 30 mil que pidió la izquierda. La Sala Superior debe hacer la declaración de validez de la elección del Presidente electo antes del 6 de septiembre, y entregarle la constancia respectiva al candidato que obtuvo el mayor número de votos, que podría ser Enrique Peña Nieto, del PRI.


 

Pero, como no soy jurista, me importa más el hecho de lo que preguntaba al inicio, ¿de qué sirve?. El actual presidente, Felipe Calderón, llegó al poder con serias dudas sobre su legitimidad y en él pesaba un fraude que aunque con muchos elementos, no fue del todo comprobado. Calderón ya se va, circulan por las redes sociales imágenes de como son empaquetadas las fotografías oficiales, en las que trae puesta la banda presidencial, para ser llevadas con probabilidad a una bodega a guardarse junto con el polvo del olvido.

A Calderón le interesa más como va a salir librado de estos seis años, que el juicio de la propia historia o su prestigio personal. Le interesa a donde va a vivir, si sus negocios serán tan jugosos como hasta ahora, cuantos guardias de seguridad pagados del erario público lo van a cuidar, si va a trascender el juicio por crímenes de lesa humanidad que activistas han promovido en la Corte Penal Internacional, y si va poder seguir colocando sus cuadros políticos en el PAN y en el Congreso de la Unión para que lo sigan protegiendo.

Mientras tanto, a Peña Nieto, su posible sucesor, a unas horas de tomar el control, le preocupa como va a integrar su gabinete, si eso no va a fracturar al partido político que lo llevó al poder, le preocupa que las negociaciones que pueda llevar con el grupo contrario que manejará el Congreso -Gamboa y Beltrones- no le salgan con una factura muy cara, y le preocupa que sea un presidente legítimo, y no como su antecesor, que se vio enfrascado en una amarga y constante apelación por parte de las fuerzas opositoras que lo tildaban, lo menos, de narco y alcohólico.

Peña Nieto debe de estar preocupado por un país que está, de hecho y de derecho, secuestrado por el narco y los poderes fácticos: el verdadero crimen organizado, que goza de una total impunidad para las fechorías que realiza. Y a menos que él mismo no sea parte de esa mafia, tendrá que fajarse los pantalones para hacerles frente e intentar gobernar el país que le otorgó un supuesto voto mayoritario en las urnas el 1 de julio pasado.

El narco ya validó la elección, y lo hizo colocando alcaldes, regidores, diputados locales, diputados federales y senadores. Lo hizo exigiendo a muchos presidentes municipales que colocaran al secretario de seguridad pública o jefe de policía que a sus intereses convenga. El narco no está jugando, es una sólida empresa trasnacional que mueve miles de millones de dólares, incluyendo las drogas, la trata de personas y las armas.

El crimen organizado -llámese bancos, televisoras, empresarios, iglesia, gobernadores, líderes partidistas- tampoco están jugando. No es una teoría de la conspiración decir que sus intereses mueven al mundo entero, así que no sería casual que hayan influido fuertemente en imponer al candidato que ellos querían como presidente de nuestra débil y violentada “res pública”.

México es ingobernable. Las instituciones electorales no son confiables ante los ojos ciudadanos. Nuestra policía es un fracaso en control y en efectividad. Nuestras fuerzas armadas están luchando a ciegas contra un enemigo poderoso. El narco supera en poder de fuego y operación a las fuerzas del orden. Los Estados Unidos de América ya están con sus agentes de la CIA y la DEA en México pisando, literalmente, nuestra soberanía. Los bancos pueden lavar dinero, millones, y nadie los castiga. La iglesia puede meterse en política impunemente y no hay quién salga a impedirlo. Las televisoras son inequitativas a la hora de informar a la opinión pública sobre lo que a realmente nos interesa, utilizando bienes públicos nacionales para su cometido. Los gobernadores mueven millones de pesos de sus propias arcas públicas, de nuestros impuestos, para apoyar a sus candidatos, existiendo total opacidad en el manejo de dichos recursos. Los líderes partidistas pueden acusar, hacer o decir lo que sea, sin pruebas o elementos y nadie los sanciona.

¿Acaso no es éste el mayor fracaso institucional?

¿De verdad no es una derrota nacional el que diariamente se asesinen a legisladores, alcaldes y políticos de todos los colores? ¿Es o no una vergüenza que no funcione la procuración de justicia a nivel estados y federación? ¿Es o no una injuria que tengamos legisladores plurinominales cuya parentela representa lo peor de nuestra política?, léase Sahagún o Elba Esther.

México es ingobernable, ante la amenaza –justa o injusta- de la izquierda al decir que si no se invalida la elección puede llegar la violencia a las calles. México en ingobernable al existir sindicatos, como el del SNTE o el SME, que estrangulan la vida política y las vialidades de nuestras ciudades, a la menor provocación, amague o intento de quitarles sus privilegios. México es ingobernable al existir publicaciones internacionales, tan serias como el francés “Le Monde”, que nos viene a restregar en la cara que México es el país más sangriento de la tierra, en el que se asesinan, a causa de la guerra que inició Calderón, a 74 personas al día, a tres cada hora y una cada 20 minutos.

¿No es México un país ingobernable cuando el Tribunal Electoral más importante desecha casi 280 mil firmas de ciudadanos que demandaron la invalidez de la elección presidencial? Doscientos ochenta mil almas que no son importantes para la justicia, así como tampoco es importante la validez de un nuevo presidente, que en nada se diferenciará del anterior… el país seguirá sumido en el caos, lo menos.

Publicado con la autorización del Director de Gurú Político.

Politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Consultor Político. Consejero Ciudadano del Observatorio Mexicano de la Homofobia (OMHO). Ha publicado en diversos medios nacionales, cómo Excélsior, y portales en línea. Correo: [email protected] Twitter: @GuruPolitico Facebook: GuruPolitico