Entiendo que el narcotráfico – unido a la inseguridad y a un abanico de opciones delictivas – son males internacional de este mundo hedonista y hasta eudemonista y que los gobiernos hacen lo que deben hacer o lo que pueden o lo que los dejan, pues el narcotráfico y sus socios están tan involucrado en la vida social, empresarial, laboral y financiero, que es sumamente difícil acabar con él (ellos) o disminuirlo, pues tienen muchas notas malas, pero también tiene bastantes cosas “positivas”, entre ellas genera empleos, paga bien, genera activos empresariales y empresas y hace circular el dinero.
En todo el mundo deben existir recetas para contenerlo, disminuirlo, contratacarlo o desvanecerlo o destruirlo – acción realmente muy difícil -; la literatura contiene algunos modelos de organización y criminal y de acción del Estado para su contención y/o trato.
Recientemente – el 9 de mayo – , Rodrigo Duterte, resultó electo presidente de la República de Filipinas; como experiencia o currículum Vitae, este nuevo presidente había sido presidente municipal-alcalde de Davao, ofreció-prometió acciones que fueron inéditas: acabar con la suciedad y presentación negativa de la ciudad-región, terminar con la delincuencia en el municipio y favorecer la creación de empleos. ¡Y lo cumplió! Davao es una ciudad-región de las más limpias de Filipinas, con menos delincuencia – mínima, comparativamente – y con mucha oferta de trabajo, bien pagada.
Animado por los resultados, se presentó como candidato a la presidencia de la República de Filipinas y con la promesa, atrevida, de que acabará con la corrupción en seis meses… y ¡ganó! Asumirá la titularidad del poder Ejecutivo en unos días.
Motivado por el tamaño del narcotráfico y sus aliados – que en el país existe un extenso comercio ilegal de drogas y delitos vinculados con esta actividad, que ha corrompido a la policía del archipiélago -, ahora hace la siguiente invitación-solicitud de ayuda en la lucha contra el narcotráfico y delincuencia: invita a los ciudadanos armados a disparar contra los delincuentes-traficantes de drogas que se opongan a ser detenidos…los filipinos que le ayuden serán recompensados…no duden en llamarnos, o a la policía, o bien háganlo ustedes mismos si tiene armas; ustedes tienen mi apoyo…si un vendedor de drogas se resiste a ser detenido o se niega a ser llevado a una comisaría y amenaza a un ciudadano con una pistola, ustedes lo pueden matar; dispárenle y les daré una medalla”.
Los grupos defensores de loa derechos humanos ya pusieron el grito en el cielo. Al futuro presidente lo vincula con el asesinato de los Escuadrones de la Muerte en Davao – cuando él fue alcalde, pero no fue acusado ni lo denunciaron en ningún caso -.
Se supone que para este nuevo funcionario, importa más el tejido social que los derechos humanos de una minoría que daña el tejido social.
Brota el dilema: ¿La ética-moral o la necesidad? ¿El fin justifica los medios? Ud. diga






















