Por estas fechas una pequeña parte de México, los Estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán,  ha sido testigo de la renovada violencia de un minoritario grupo de  militantes de esa estructura llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la indefendible CNTE. ¿El motivo? El previsible, estos personajes no aceptan ser evaluados y calificados de acuerdo a su preparación. ¿Que los van a correr si reprueban? Falso, tienen otras oportunidades para presentar el examen y si al final de varios intentos de plano no muestran capacidad intelectual para desempeñar ese puesto serán reubicados a un área administrativa, donde no sigan haciendo más daño a los niños. ¿Qué van a “privatizar” la educación?  Otra mentira producto de su imaginación para consumo de ignorantes.

¿Qué es lo que se busca con la llamada “Reforma educativa”? Lo básico, tomando en cuenta que la educación de los niños ha sido colocada constitucionalmente como un derecho superior, por  arriba incluso de contratos colectivos y minutas de trabajo. Nada hay por arriba del derecho a una educación de calidad para los infantes, nada, absolutamente nada.

¿Qué defienden los “maestros” de la CNTE? , fácil, una serie de privilegios que se les había concedido desde la época en que ellos eran piezas útiles al servicio de algunos grupos del entonces llamado PRI-Gobierno. ¿Cuáles privilegios?  Plazas automáticas al terminar lo que hipotéticamente es su instrucción en esas cosas llamadas “Normales”. Posibilidad de heredar o vender su plaza. Inmunidad  para cometer actos vandálicos. Progresión laboral determinada por la subordinación sindical en el “marchometro”.  En pocas palabras defienden un cuerpo excepcional de ventajas, licencias, privilegios y sinecuras.

México ha ocupado, desde hace años, los últimos lugares mundiales en la evaluación que se haga. Nuestros alumnos tienen un nivel educativo tan bajo que virtualmente los coloca en la categoría de asnos, en la materia que sea, sobre todo en matemáticas y comprensión de lectura.  Tenemos ya generaciones enteras de alumnos con una muy deficiente educación,  incultos y viciados laboralmente por el degradado ambiente educativo de donde provienen.

El movimiento de resistencia magisterial se basa fundamentalmente en una mentira, supone el fin de la educación laica y gratuita, falso. La realidad es que el “magisterio” (de alguna manera hay que llamarlo) se opone a ser evaluados pues saben de su pésimo nivel y por temor a perder la capacidad de vender o heredar sus plazas y a someterse una serie de reglas que son necesarias en cualquier estructura que pretenda funcionar adecuadamente.

 

No hay argumentos para negarse a una evaluación rigurosa, aquellos que pretendan ser “maestros” de la niñez del país deben ser los más competentes.  Si alguien no está capacitado para ejercer esa profesión debe dedicarse a otra cosa.  Argumentar que es un “derecho” la inamovilidad eterna de alguien que no sirve para lo que fue contratado es irracional.  Demencial utilizar el argumento de que son “logros obtenidos mediante la lucha sindical”; la lucha sindical es para mejorar las condiciones académicas y laborales, no para proteger incompetentes y holgazanes.

 

Atenta contra la lógica el “argumento” de que los maestros deben evaluarse “a modo”, por personas de se sabe están involucradas en la tragedia educativa; torpe el argumento de que la evaluación debe ser diferenciada según las zona donde ejerce el maestro, “razonamiento” que permite deducir que un maestro de una zona aislada puede perfectamente ser un asno   pero que por ser “rural” eso es aceptable.

 

El apoyo de los ciudadanos a la CNTE ya es prácticamente nulo, el grueso del pueblo los detesta, harto de soportar sus plantones, bloqueos, agresividad y raterías. Solo insisten en dar su apoyo  algunos “analistas”,  más bien diría amanuenses, que cínica y consistentemente mienten y deforman toda noticia relacionada a los indefendibles “democráticos” utilizando  los ya escasos medios que los toleran. Ojalá lo hicieran con algo de inteligencia, respetando las reglas de la sintaxis y la sindéresis, y no con la basura que escriben. Pero no dan para más.