La administración de la justicia es un pilar del buen gobierno y desde los nacimientos de nuestro país como nación y como Estado la “buena” procuración de la justicia se estableció como un lema de instalación, conservación y consolidación de eso que se llama JUSTICIA, hasta quedar como un ideal.
En nuestro país, hay sobrados ejemplos de las diferentes medidas, varas que usa el juez para administrar justicia; se ha dicho y se acepta a pies juntillas que “las cárceles no están hechas, ni para los ricos ni para los poderosos” y que, además, la justicia se aplica selectivamente a criterio, juicio, interés del juzgador.
Es más, existen sentencias populares en nuestra historia y en nuestros sucesos históricos sobre la mecánica de procurar y administrar justicia: La justicia de las Ps: Plata para los amigos, Palo para los inconformes y Plomo para los enemigos. Otro más: Para los amigos, los beneficios de la ley. Para los inconformes, la ley. Y para los enemigos, la ley y sus efectos.
Esta parrafada viene a cuento por el asunto-caso Mireles Valverde: No se ha logrado la comparecencia del ex comisionado para la seguridad y el desarrollo integral del estado de Michoacán, Alfredo, el Virrey, Castillo Cervantes, ahora director general de la CONADE, ni del ex gobernador Fausto Vallejo Figueroa.
Ambos fueron citados para su comparecencia el día 18 de mayo, a las 14.00 horas y el primero no compareció porque no estaba, ni fue enterado. Lo supo por los medios, pero nunca por algún procedimiento oficial. (Curiosamente, una de las ocasiones en que se citó, fue porque sus altas responsabilidades no le concedían tiempo). El segundo ¡Porque no se le entregó el citatorio porque no vivía ahí y en el juzgado desconoce un/nuevo domicilio para hacérselo llegar-entregar!
De simple vista y lectura se nota que a estas personas un aura superior los protege y las argucias y triquiñuelas que usan para no permitir la actuación de la justicia les son aceptadas y válidas y los convierten en intocables, pero, nadie es invulnerable permanentemente.
Si estas personas se sintieran inocentes, motu proprio comparecerían, pero se perciben y se sienten culpables y muy seguramente, comparecerán ante el juez Octavo de Distrito cuando cuenten con la protección federal, porque tienen ese derecho y lo usarán hasta el agotamiento.
Ni modo, el Dr. Mireles Valverde continuará encerrado hasta que cambie el ambiente de la administración de la justicia.
¿Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos?
¿Y la Comisión Estatal de Derechos Humanos?
Las dos gozan de cabal salud.























