“El principio de Peter” es un interesante libro escrito por Laurence J. Peter en los 60s. En él se aborda la tesis de que cada persona tiende a ascender hasta llegar a su nivel de incompetencia. Como consecuencia de ello, muchos puestos terminan siendo ocupados por profesionales que no tienen la suficiente capacidad para su trabajo, lo cual conduce a graves y costosos errores.
Existe una lógica en este proceso, pues los responsables de seleccionar se fijan en primer lugar en la propia organización. Si un empleado cumple bien su actual cometido, los responsables de la selección deducen, equivocadamente, que serán igualmente eficaz en el nuevo puesto.
Es aquí donde entra lo que se denomina “pensamiento esquemático”, un mecanismo de pensamiento que está reñido con la creatividad. Coloquialmente llamados “personas cuadradas”, el poseedor de un pensamiento esquemático, aberración del “pensamiento lógico”, fundamentalmente deductivo, tiene como grave limitación una incapacidad para procesar informaciones nuevas y por ende encontrar soluciones reales a problemas nuevos. Un claro ejemplo es el llamado “Automatismo profesional” descrito en ese libro.
Transcribo. “Para el autómata profesional, está claro que los medios son más importantes que los fines; el papeleo es más importante que la finalidad para la que originariamente fue previsto. Ya no se ve a sí mismo como instrumento al servicio del público: ve al público como la materia prima que sirve para mantenerle a él, a los impresos, a las formulas y a la jerarquía .El autómata profesional, desde el punto de vista de sus clientes, o víctimas, parece incompetente, pero ¿Quien define la competencia?
La competencia de un empleado es determinada su superior en la jerarquía. Si el superior se encuentra todavía en un nivel de competencia, puede valorar a sus subordinados en atención a la realización de trabajo útil; es decir, valora el resultado. Pero si el superior ha alcanzado su nivel de incompetencia, probablemente evaluará a sus subordinados con arreglo a valores institucionales, valorará el papeleo, no los resultados. En resumen, un funcionario de este tipo “valora el trámite” Fin de la transcripción.
Veamos algunos ejemplos. En febrero del presente año, un “Juez” en Nuevo León ordenó la liberación de 4 probados secuestradores y asesinos de un empresario regiomontano argumentando lo que su “entender” eran fallas en el debido proceso, por lo tanto estos peligrosos asesinos son dejados en libertad. Irracional por donde se le vea. ¿Y los familiares de la victima? No importan, ¿Y la justicia para el asesinado? Eso menos importa. Total, ya se murió.
El pasado mes de abril un tribunal federal del Estado de México liberó a Isidro Solís Medina, integrante de la banda de Los Rojos, quien participó en el secuestro y asesinato de Silvia Vargas Escalera, hija de Nelson Vargas. Su culpabilidad estaba corroborada, pero en algún descompuesto engranaje de la mente del “Juez” se incrusto, o le incrustaron, la idea de que existió una hipotética falla en el debido proceso, motivo por el cual este asesino fue puesto en libertad. Peculiar manera de pensar de los abogados. Lo importante para ellos no es encontrar la verdad, sino cumplir una serie de trámites sin los cuales, los hechos y la realidad no existen. Que de paso dañen a los familiares no importa, lo importante son las reglas.
En Medicina esta conducta la encontramos en individuos con una personalidad rígida y esquemática, en los cuales los trámites son más importantes que el asunto medular. Justificar una aberración del razonamiento con argumentos burocráticos es propio de un empleado de archivo, no de de un profesionista que se supone cuenta con capacidad de raciocinio.
Extrapolando ese tipo de razonamiento imaginemos a un médico del IMSS que insiste en tratar a una paciente de una supuesta cervicitis; la paciente, no conforme, se realiza una citología en forma privada, y se le diagnostica un cáncer cervicouterino, pero como el estudio no lo pidió el médico del IMSS sino otra persona, de otra estructura, intentemos imaginar lo absurdo que resultaría el rechazar un diagnostico de cáncer solo porque no fue pedido y realizado por los canales oficiales. Verdaderamente demencial… pero impecable y correcto para un abogado.
Los abogados nunca han tenido una buena imagen entre los demás profesionistas y mucho menos entre el público en general. Y viendo sus irracionales actuaciones surge la pregunta ¿Y así quieren que no hablemos mal de ellos?
























