Atendiendo, tanto la realidad política como la demanda de la sociedad nacionales,  la bancada en la H. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión del partido revolucionario institucional, presentó en el pleno su propuesta de reducir un cuarto del peso y grasa del poder Legislativo: Eliminar 100 diputados plurinominales y 32 de los Senadores de la República que son designados por listas nacionales – de partido, pues, ambos de regalo.
    

La presentación de la iniciativa de reforma propone reformar los artículos 52, 53, 54 y 56 de la Constitución Política, con el argumento de que se pretende  lograr mayor agilidad y eficacia de las cámaras legisladoras y responder al clamor ciudadano por atemperar el costo de la democracia y, además, se buscará facilitar la toma de decisiones y la construcción de mayores consensos, ya que resulta evidente que el elevado número de legisladores puede llegar a retrasar o impedir los acuerdos tanto en lo referente al interior de los grupos parlamentarios como en las comisiones, o bien, en el pleno de las cámaras, elevando las dificultades de negociación y la generación de los acuerdos; el Congreso mexicano enfrenta un problema en cuanto a la cantidad, costo y funcionalidad de los legisladores federales: sus 628 integrantes – 500 diputados y 128 Senadores – constituyen, en términos absolutos, un congreso sumamente caro, con demasiados miembros y muy caro, en todo sentido, superando en cantidad y costo al de Brasil y, presumiblemente, al de los Estados Unidos. Cámaras tan  numerosas no necesariamente significan mayor representatividad político social – lo cual no existe, actualmente,  en nuestros partidos, los que, realmente,  ya no representan a la sociedad – ni eficacia legislativa y sí significan problemas de coordinación, control y costo.
    

La finalidad original de las cámaras era, para el Senado, representar, desde una lógica territorial, a las entidades federativas, mientras que para la cámara de diputados, fue  conceder voz, voto y representatividad a las minorías,  a través de representantes electos por el principio de mayoría relativa en distritos uninominales, finalidad que fue desviada y pervertida y se llegó al abuso de la sobre representación – estados de la federación minúsculos como Morelos, Tlaxcala y Colima  con cuatro Senadores y, además, el Senado mexicano tiene el doble de senadores que el mismo cuerpo legislativo de los Estados Unidos y, por otro lado, existen varias opciones y partidos políticos que pueden recibir, contener y contender y ser opciones reales de gobierno, desde el municipio hasta el poder Ejecutivo Federal.
  

 En la realidad  vivimos una segunda alternancia en nuestra democracia obtenida en términos de regularidad institucional y en r elativa normalidad democrática.
    

Ahora bien, en la exposición de motivos se trata de justificar algo que ya es conocido: el sobrepeso  financiero y sobre representación política  del H. Poder Legislativo, así como la inutilidad, en términos reales, de esos 132 representantes populares que se eliminarán. Hablando en términos reales deberían desaparecer  de esos los otros  132, todos ellos de la vía de mayoría por listas de circunscripciones regionales, de partido, pues, de regalo, así el H. Congreso de la Unión tendría un 40% de peso menos, quedando solamente con 364 -300 diputados y 64 Senadores de la República.
    

Si esta iniciativa de reformas política la sumamos con la ya aprobadas, de candidatos independientes y de las figuras de participación ciudadanas, viene un cambio bastante significativo en la política nacional que impactará el futuro del país.
  

 Podría aceptarse que esta iniciativa – más las Preferentes  presentadas por el aun presidente de la República    – ya están palomeadas por ambos presidentes  y que solo es cuestión de ajustes y de trámite. Ahora esperar los cambios en cascada en los estados de la Federación y el país, sociedad y prácticas políticas, serán otros.