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Con la vuelta de espalda que le han dado simpatizantes y miembros del PRD, o con la gran derrota sufrida por esta institución política y consecuentemente, los que mal dirigen a este partido, se salen del encuadre por peteneras y ahora piensan que con la fuga de Andrés Manuel, la solución para ganar puntaje, es la formación de un gran partido frente, que seguramente ni ellos mismo tienen la idea definida de lo que e o quieren hacer.

Dice Jesús Zambrano “que debemos caminar “en la perspectiva de la formación de un partido frente en el que podamos caber todos en su momento, incluidos los compañeros de la organización ciudadana “; es decir, de los que recientemente dirigidos por AMLO, les acaban de decir adiós.

Después de lo antes citado, las convicciones de izquierda de Zambrano no me quedan nada claras y más enreda el asunto del partido frente del que tiene el interés de cristalizar. Dice que la idea del partido frente es “catalizar un proceso de maduración” que permita que la agrupación de izquierda mantenga su identidad, pero trabajando juntos.

O no entiendo, o Zambrano no quiera aclara pues lo que intenta definir no es más que una postura cantinflesca que deja todavía más claro que no hay una idea definida de lo que es un partido frente y de lo que quiere hacer la tribu que el piensa que comanda.

 

¿Alguien que sea un ortodoxo de izquierda, que por consiguiente crea firmemente en los principios que deben regir en un partido de izquierda; que sea escrupuloso en el respeto a los ideales del partido al que pertenece y que esté cierto que los ideales no son sólo la idea sino el objetivo de alcanzarlos sin desviación alguna, podría considerar que el PRD se debe transformar en un partido frente?. ¿Pudiera acaso, esa brillante idea de Zambrano, ser necesaria en un partido en el que su dirigencia cumple y hace los principios que le dieron sustento en su formación? ¡Difícilmente encontraríamos quien pudiera estar de acuerdo con lo anterior!

La idea paraíso en que está perdido Jesús Zambrano, se debe precisamente a que como dirigente no ha aplicado ni cumplido con los principios que dieron base a la formación del PRD y por consiguiente, buscan pretextos que les permitan dar respuesta a la derrota obtenida en las últimas elecciones.

Lo que prevalece realmente en la dirigencia tanto nacional como estatales del PRD, es una corrupción colectiva y una pérdida de la objetividad que no les permite realmente corregir las desviaciones tenidas. Han estado más preocupadas por los acuerdos entre las diferentes tribus que en convencer a los ciudadanos de la importancia de tener un verdadero partido de izquierda que defienda a “rajatabla” los principios constitucionales tan arbitrariamente lesionados por quienes en los últimos años han gobernado el país.

Tiene el Partido de la Revolución Democrática dirigentes que “en otras épocas” efectivamente tenían ideales, pero se cansaron de batallar contra el régimen y ahora prefieren, como decía “El Tlacuache” César Garizurieta, no vivir en el error sino del presupuesto. Al Tlacuache.

Los “dirigentes de ahora”, quieren un partido (frente) de izquierda, como Adolfo López Mateos quería un país de izquierda, “pero dentro de la Constitución”. Ahora los dirigentes del PRD quieren un partido de izquierda pero que se alíe con la derecha. Bonito papel quieren jugar quienes han dejado de ser representantes del proletariado para ser representantes de sus propios intereses para llegar una y otra vez, por la vía plurinominal, desde luego, y de pasar de un columpio a otro para regresar al primero, pero dándoles alguna oportunidad a sus amantes, heredándoles por un trienio lo que ya parece por lo repetitivo, de propiedad particular.

Más están preocupados por sus alianzas con el Partido Acción Nacional para poder “conquistar el poder político” que en buscar las razones y el origen de nuestro extravió como partido. La división de la izquierda no está en la militancia, sino en los directivos de las desorientadas tribus que ahora buscan ser un… “partido frente”. ¡No ma…nchen, camaradas!