El pasado lunes 21 del presente se festejaron y conmemoraron los doscientos diez años del natalicio de Don Benito Juárez García, el Santo Laico, el ídolo diamantino de nuestra historia.

Podrá afirmarse mucho sobre él y, desde cualquier perspectiva, jamás se dejará de tener bases y razones para hacerlo; desde cualquier punto de vista, dependiendo del cristal con que se mire y juzgue, es centro de muchas ideas positivas y negativas contra su persona, pero como el ave del poema A Gloria, de Salvador Díaz Mirón, cruza los pantanos y su plumaje no se mancha, su plumaje es de ésos.

Don Benito Juárez es el hombre ejemplo de nuestra historia: uno de los primeros líderes civiles de México, ejemplo de los hombres que se formaron en la época de crisis: el término de la colonia e inicio de la independencia nacional y pese a ello, su pensamiento fue de su tiempo: liberal, positivista y nacionalista y, adicionalmente, con un profundo amor a México y a su destino y futuro.

Desde cualquier óptica, perspectiva, Don Benito Juárez es toda una figura, una personalidad: como hombre se construyó contra, y frente, a todas las adversidades y las venció; como miembro de familia, la sacrificó hasta al máximo, pero su amor por ella fue similar a su amor por nuestra patria, su México. Como político ahí está su obra, centro del ataque de la facción conservadora y clerical que aun lo agrede y lo maldice. Como estadista, su obra permanece trascendente en el tiempo y en el espacio; sin él al frente de los destinos de la nación, muy seguramente otros hechos históricos habrían sido y otro el destino de nuestra nación: Don Benito Juárez fue un hombre que fue congruente con las circunstancias nacionales y supo serlo en grado superlativo. Como héroe patrio, toda su actuación desde la primera función pública al frente de la gubernatura del estado de Oaxaca, pasando por la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, hasta su última responsabilidad como presidente de la República está llena de méritos y actos heroicos y quedan para ejemplo del presente y del futuro, tanto como hombre, como padre de familia, como político y como funcionario público.

Don Benito Juárez García, hombre irrepetible en nuestra historia, aunque se deseara que hubiera más de ellos, es una personalidad de muy pocas aristas para hablar de su belleza y de su look, pero por su otra faceta de hombre público, el lado social, el lado político, el lado histórico, con fuentes inagotables de reflexiones y de juicios de valor que lo enaltecen, finalmente y contra todas las posturas.

Este lunes la Patria agradecida le rindió tributo en todo su territorio, que él defendió aun a costa de su vida y de su familia.

Esperemos que nuestro México jamás vuelva a tener las circunstancias históricas de hace 159 años, porque buscaríamos en el pensamiento de Don Benito Juárez García la fuerza, la idea, el espíritu para enfrentarlo, y lo más doloroso sería que no surgiera otro hombre como él, con su perfil.