El pasado martes se celebró y festejó en todo el país, por lo menos en las cabeceras más importantes de la nación, el llamado Día Internacional de la Mujer y desmedidamente, se echó toda la casa por la ventana con verborrea al máximo.
Y la verdad no es para tanto.
Ciertamente, la mujer, la natural compañera del hombre, tiene obligado y necesario reconocimiento a su papel y rol en la familia, en la sociedad y en todos los sectores laborales y productivos de la misma sociedad.
No hay duda alguna de que somos y debemos tratarnos y reconocernos como iguales en todo sentido; lo único que, biológica, fisiológica y funcionalmente no hace diferente es la diferencia y función sexual, pero ¡Viva la diferencia!, ¿no cree usted?
Actualmente se ve y se notan mujeres en todos los espacios y, por lo general, salvo excepciones, todos los espacios son ganados con esfuerzo, competencia, capacidad, conocimiento y experiencia. Ya no hay espacios reservados, exclusivamente, para los hombres.
Particularmente en la política y en servicio público la legislación nacional – casi espejo de la internacional – ha establecido que los espacios de representación deben ser – desde las candidaturas – igualitarios o paritarios de género=sexo. Resta únicamente que las mujeres elegidas, o designadas, cumplan su responsabilidad congruentemente con el tiempo y la circunstancia que les corresponde vivir.
Está probado que las mujeres son menos inclinadas a la corrupción, pero, también se está viendo, y se es sensible que, por las razones que sean, las mujeres están siendo más tentadas por la delincuencia y la las adicciones y en números absolutos y relativos, su crecimiento es exponencial.
Es deseable que los espacios en disputa, cualesquiera que sean, sean obtenidos, ganados rectamente pro las cualidades de conocimiento, preparación, experiencia y capacidad y no por recomendaciones, lazos familiares, favores corporales que sesguen las decisiones.
Es indudable que el acceso a todos los espacios sociales por parte de las mujeres es creciente y si ahora, por lo general, en las ciudades medios y grandes, ocupan cuatro de diez espacios, en menos de una generación será paritaria esta distribución, si no es que la superarán; sólo y solo es cuestión de ver la cantidad de mujeres que asisten a las escuelas y a los cursos de formación y actualización, así como a los centro fabriles y de actividades productivas y si el hombre, como género, se descuida, será superado por la mujer, lo que será fuente de conflictos, como ya lo va siendo en los hogares y familias mexicanas, el hecho de mayor incidencia de divorcios y de madres solteras es indicador de lo anterior.
Sea como sea, esta casa editorial desea que la mujer, sobre todo la mexicana, logre con su esfuerzo mejores y más productivos espacios de convivencia con pleno ejercicio y disfrute de sus derechos.






















