Ayer en todo el país, de una frontera a otra y del Pacífico al Golfo de México y en todos los niveles sociales y económicos, nosotros, los mexicanos, celebramos jubilosamente el CCII aniversario del inicio de la lucha por nuestra independencia – en este caso, de la separación política y administrativa de España .
Ya la Historia Nacional, el Mito y la Leyenda tienen en sus anales los hechos y los protagonistas de esos sucesos que, finalmente, once años después terminaron con los Tratados de Córdova finalizando así la lucha fratricida entre dos grupos, de hecho, connacionales, pero con distinta ideología racial, política, cultural y social, hecho por los cuales debemos mostrar felicidad y satisfacción.
A más de doscientos años de distancia de esos hechos, nuestro país es una nación, un Estado libre, independiente, soberano y autónomo, políticamente hablando.
En estos dos siglos, con bastante esfuerzo, sangre y sacrificio de millones de mexicanos, se ha construido el país que ahora somos y en ese largo, lento y hasta obstaculizado derrotero nacional, ha sido evidente que nuestros Padres de la Nación carecieron de una idea de proyecto de país, nación y Estado y que las mismas circunstancias y las generaciones de hombres idealistas le dieron forma, dirección y gobierno a lo que ahora disfrutamos.
Si bien ya no dependemos de España, también es cierto que no somos tan autónomos ni independientes ni tan soberanos, ni tan libres. Las cuestiones estructurales de educación, formación, economía, finanzas, gobiernos, etc., han generado dependencias – tecnológicas, alimentarias, financieras – y hasta imposiciones culturales y nuestras competencias han sido debilitadas para aceptar modas, criterios, sistemas, formatos, escuelas y movimientos que nos han encadenado a estructuras internacionales-multilaterales que carecen de calidad moral y política para ser correspondiente e interactivo y así, hemos o estamos haciendo a un lado nuestros valores culturales y sociales, hábitos y costumbres.
Nuestros líderes sociales, justifican esta condición, con el pretexto de la modernidad, modernización y el avance al mismo ritmo de otras naciones más industrializadas y con más años de historia y de desarrollo y avance tecnológico y muy poco les importan las condiciones de casi esclavismo y sobrevivencia tienen muchísimos grupos sociales, a grado tal que, a 202 años del inicio de nuestra independencia, aproximadamente, el 52% de la población total vive en la pobreza y de ese porcentaje, la mitad, unos 26 millones de mexicanos, sobrevive en la pobreza extrema, equivalente a la miseria, situación que a algunos analistas y sociólogos les ha generado varias reflexiones; una entre ellas afirma que para esos millones de mexicanos que viven en la miseria y pobreza, estaban mejor en la Colonia, que en el México de hoy.
Como sea, festejemos el inicio de nuestra lucha por la libertad política






















