La iniciativa privada está de plácemes: en esta administración federal que, de hecho ya inició con la instalación de la nueva legislatura del H. Congreso de la Unión serán posible las reformas estructurales – laboral y energética, y muy posiblemente otra vez, la de los regímenes pensionarios, incluyendo en ella los regímenes especiales: las universidades púbicas.
Desde la consolidación de la paraestatal PEMEX, hasta nuestros días, la iniciativa privada, como prestanombres de los fuertes intereses petroleros internacionales, trató de meterle el diente y revertir poco a poco la imposibilidad de participar en las acciones totales de PEMEX: Exploración, perforación, industrialización, transportación y venta del petróleo y sus derivados: Petroquímica ( gas, diesel, gasolinas y mil y un productos derivados del Oro negro), todo necesario para la industria total nacional. Algo parecido sucedió con la Comisión Federal de Electricidad.
Los grandes e insalvables obstáculos fueron: la costumbre, los hábitos, la historia nacional y la idea nacionalista sobre los dos recursos (uno no renovable y el otro, renovable.) y los respetivos sindicatos.
Para hacer a un lado al primero, se dejó pasar el tiempo y las generaciones que nacieron dentro del escenario de esas ideas envejecieron y están desapareciendo, así que las nuevas generaciones ¡Qué saben de todo eso! Y el segundo obstáculo es salvable: Desprestigiarlos y maicearlos y en este momento están maduros y se puede realizar el cambio o por lo menos avanzar, ya no de paso en pasito, sino de zancadas largas y prontas.
Desde el advenimiento de los desarmadores del Estado Mexicano: Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León y posteriormente con Vicente Fox Quesada y el actual presidente, Luis Felipe Calderón Hinojosa, se han creado mínimas reformas administrativas que posibilitaron la participación de inversionistas privados –nacionales e internacionales – en las acciones de PEMEX y de la CFE, a tal grado que en este momento se está configurando en las paraestatales PEMEX y CFE, el mismo escenario previo a la Revolución Mexicana y de las expropiaciones del petróleo y de la energía eléctrica: esos recursos son nuestros , pero los inversionistas privados exploran, perforan – con el cuento de que el país carece de la sofisticada tecnología para extraerlo – lo procesan, lo refinan – lo transportan y comercializan – no al público directamente, pero sí lo comercializan : se lo venden a PEMEX y la energía eléctrica producida, a la CFE, de tal forma que en este momento, la energía que cobra la CFE casi en un 60% tiene un origen de producción privado.
Todo parece indicar que lo que es el Estado mexicano está satisfecho con que las empresas le paguen los impuestos correspondientes: IVA, ISR, IETU y demás. Sabe que de una forma fácil y segura entrará dinero a las arcas públicas, federales, sin mayores problemas.
Una de las cosas que si no olvidan, no se detienen a pensar un poco es que en el caso del petróleo y sus derivados, es un recursos no renovable y al ritmo de las extracciones-producciones – más de 3 mil millones de barriles diarios – quedan muy pocas reservas petroleras y lo grave es que el 40% de los ingresos fiscales son de origen petrolero y en el horizonte no hay otras fuentes de ingreso y lo más grave aun es que esos beneficios no llegan directamente a la sociedad, ni en aumento de la cobertura de servicios ni en la calidad de los mismos: El 52% de la sociedad nacional vive en la pobreza y la mitad de ellos -26 millones, aproximadamente, en la pobreza extrema, la miseria -.
En el caso de la CFE se sigue el mismo camino. Lo más peor de todo esto es que estos dos recursos naturales son el equilibrio de la sociedad y si se rompe, en algún momento todo se desequilibrará y las no deseadas imágenes y efectos del México Bronco y Bárbaro, surgirán.






















