No es ninguna novedad el enterarnos que México ocupa uno de los últimos lugares mundiales en Educación. Diversos informes de organizaciones internacionales ubican a México, de manera habitual, en los últimos lugares en lo referente a calidad, comprensión competitividad, investigación, cantidad y calidad de científicos, matemáticas y en el colmo somos de los peores en comprensión de lectura. Dicho en otras palabras, el mexicano, aparte de leer poco, no entiende lo que lee.

Para mayor vergüenza estamos incluso por abajo de países que uno consideraría a como ejemplos del atraso y pobreza, ya que resulta que la educación en estas naciones ha mejorado en los últimos decenios, mientras que la de nosotros va de mal en peor. En determinado momento llegamos a estar por abajo de Uganda, Zimbabue, Jamaica y Kenia, y para mayor desgracia, Michoacán ocupa, con la firme ayuda de la CNTE, uno de los últimos lugares a nivel nacional.

De nada sirve reconocer esta tragedia si no hacemos algo por remediarla. Concretarnos a constatar nuestra ignorancia, entregarnos a la autoconmiseración y buscar culpables externos es hacernos tontos.

La tragedia educativa en México es un gran filón aprovechado por demagogos y oportunistas, siendo el más activo en este renglón el Sr. López Obrador, mesiánico líder de MORENA, ese que ya tiene un elefante blanco universitario, la “Universidad Autónoma de la Ciudad de México” Oneroso esperpento pagado con recursos públicos.

Vale la pena reflexionar sobre esto, ¿La educación universitaria debe ser para todos o solo para aquellos que tengan la capacidad e inteligencia para aprovecharla? Si nos ponemos a pensar un poco esta pregunta ya la ha respondido la dura realidad desde hace tiempo; para ingresar a las mejores universidades del mundo se requieren muy altas calificaciones y demostrar aptitud. Así es en el primer mundo y en su momento también lo fue en el llamado bloque socialista; en las mejores universidades de la URSS, China, Alemania Oriental etc. solo los mejores ingresaban. Nada de que “educación para todos” o el sonsonete estúpido de “Educación primero al hijo del obrero, educación después al hijo del burgués”. Tratándose del futuro de un país esas idioteces no aplican. Si alguien no tiene el cerebro suficiente para cursar una carrera universitaria, nada tiene que hacer dentro de una Universidad.

López Obrador, demagogo hasta la médula, rebuznó en octubre pasado: “Morena va a auspiciar universidades en las delegaciones donde ganó. Así va a hacer Morena, donde gobierne ningún joven va a ser rechazado, porque la educación no es privilegio, es un derecho del pueblo”.

Veamos ahora cómo funciona la “admisión” en esta Universidad patito. Para que no digan que lo hago con sesgo transcribo literalmente de la página oficial de dicha Universidad.

“La UACM no realiza un procedimiento de selección, sino que considera que todos los registrados tienen la misma oportunidad de ingreso. Sin embargo, debido a que no cuenta con la posibilidad de admitir a todos los aspirantes, acude a un sorteo ante notario público. Los solicitantes que no son favorecidos en el primer periodo son considerados en lista de espera y tienen la posibilidad de ingresar en el siguiente ciclo, dependiendo de la capacidad de la Universidad. La convocatoria y los resultados del sorteo se notifican en diarios de circulación nacional y en la página de Internet www.uacm.edu.mx”. Fin de la transcripción.

Genial, en esta “Universidad” no hay exámenes de ingreso, los “estudiantes” ingresan por sorteo. Peor imposible.

¿Como andan las universidades en México? Mal, o más bien, muy mal. En el ranking mundial que se investigue ninguna aparece entre las primeras 50, y en algunos sitios como el prestigiado “Shangairanking.com” no existe ninguna universidad mexicana entre las primeras 200 del mundo.

Los norteamericanos tienen una sentencia: “En educación, recibes lo que pagas” Parece ser que así es.