El asesinato de Gisela Mora, presidenta municipal de Temizco, Mor., levantó una cortina de polvo que no dejó ver ni el árbol ni el bosque; seguramente porque era la noticia del día y no dejó ir más allá y pocos fueron más allá de la información:
Un comando de tres delincuentes – tres asesinos – irrumpieron en su domicilio, le dispararon y la mataron. Fueron detenidos poco después.
Este hecho de sangre llamó la atención por las circunstancias de que tenía un día en el cargo, era presidenta municipal.
Las descripciones sobraron; se matizaron en exceso los hechos, en los escenarios de las llamadas imposiciones, por decreto, del Mando Único policial en los municipios y en ese estado.
NO se preguntó por qué la asesinaron. Mucho menos, quién resulta beneficiado con ese acto.
Por lo ampliamente difundido, los tres asesinos – un adolescente, una mujer y un adulto – son asesinos, lo que permite deducir que fueron contratados por alguien.
Ese alguien, ¿formaba parte de un triángulo romántico? Poquísimo probable.
¿Rencores familiares? Igualmente, poco probable
¿Revanchas-intereses políticas pro servicios no pagados? Muy posible y probable. Por los materiales asegurados a los detenidos – celulares con videos con grabaciones en audio. En un celular está la sesión de tortura, amputación, descuartizamiento (viva) y asesinato de una persona -, se sabe que son asesinos y que matan y desaparecen a las personas con la mano en la cintura.
Las confesiones indicarán quiénes los contrataron y a quién sirven y/o han servido, cuántos han asesinado y descuartizados.
Si se sigue la cadena de los hechos se debe saber el móvil, que por todos los indicios parecen seguir una línea hacia un nicho determinado, y a quién beneficia. Y por todo lo anterior, y por los escenarios que se viven, este hecho criminal sirve únicamente a la delincuencia organizada, al ambiente de delincuencia que vive el estado y la ciudad de Cuernavaca.
Por otra parte, también muestra el grado de preparación de los policías municipales y el garrafal descuido tenido en la responsabilidad de custodiar la seguridad de la ex munícipe.
LO malo es que nunca aprendemos.























