La información llegó a medio día y recorrió instantáneamente el ciberespacio y llegó a todo el mundo: Las fuerzas de seguridad de México habían detenido al criminal más buscado por la administración Peña. Joaquín Loera, El Chapo Guzmán fue recapturado en Sinaloa, en un motel.

Las primeras imágenes lo muestran con bigote y en camiseta; todo sucio, pero con su reconocible bigote. Por esas mismas imágenes se puede deducir que el ahora detenido estaba siendo constantemente perseguido y estaba, como se dice, a salto de mata. Todo lo contrario de un sujeto que siendo prófugo gozara de su libertad, con buena ropa, magnífica residencia, insuperable apoyos de transporte y comunicación y decenas de personal a su servicio.

No. Estaba únicamente con su personal de confianza y provocando una imagen de desaseo y descuido

La administración Peña debe sentirse satisfecha.

A sólo tres días de un duro, directo, despiadado y desusado editorial del influyente diario The New York Times en el que el diario y el editorialista se mostraban insatisfechos por tres asuntos, uno de ellos fue resuelto por las fuerzas de seguridad-armadas del Estado mexicano: La detención de El Chapo Guzmán.

El Estado mexicano hizo muy bien al presentarlo vivo, porque si se hubiera informado que había sido abatido a balazos o resultado muerto porque se opuso a su detención, la crítica hubiera sido feroz.

Vaya un fuerte y caluroso reconocimiento al Estado mexicano y una felicitación a todos los que participaron a su recaptura.

Este hecho muestra que con un trabajo de inteligencia, lealtad, esfuerzo, organización y decisión es posible hasta lo que parece imposible.

Ahora, viene algo más duro y difícil: cuidar que no se vuelva a fugar. En este caso seriamos el hazmerreír de todos.

Con este hecho se recupera un mucho de la imagen y se fortalece una actitud de mayor respeto a las instituciones de nuestro país.