El pasado domingo 20 del presente, España tuvo elecciones constitucionales generales y el resultado formal, aun no oficial, pero muy difícilmente cambiará el sentido de las tendencias mostradas con su sistema de resultados electorales previos y ese resultado es una tomografía político-electoral-ideológica de la sociedad española de este tiempo: diversidad y pulverización, balcanización-dispersión del voto, este espectro mató el bipartidismo existente hasta antes del ese día y dejó completamente abierta la incógnita que los comicios deberían y debieron resolver: ¿quién será el gobernante?
Si bien, Mariano Rajoy, actualmente en el gobierno, del partido popular, ganó o fue el partido con más votos, su porcentaje lo obliga, tendrá le necesidad de realizar, llevar alianzas- coaliciones con las otras fuerza políticas.
Con una participación muy alta – la más alta de la historia electoral española – 73.4% – distribución de los votos registrados, aun no oficiales, se manifestó así: Mariano Rajoy, del Partido Popular – PP -, obtuvo 28.7% de los votos y le alcanzó para 123 diputados – perdió en el camino 4 millones de votos y 66 diputados menos, en comparación con la votación de hace 4 años – y quedó lejos muy lejos, para alcanzar una mayoría natural y gobernar en solitario. En segundo lugar se mantiene el Partido socialista Obrero Español – PSOE -, con el 22% y 90 diputados – 19 menos que en el 2011. Tercera posición quedó Podemos, de Pablo Iglesias, 20% de votos y 69 diputados. Es el gran ganador de esta contienda. Ciudadanos, de Albert Rivera, es la cuarta posición – que se desinfló: 13.9% de votos y 40 diputados.
Aunque los nuevos partidos no lograron reemplazar al PP ni al PSOE, su presencia lesionó y tembló las bases de votantes y convirtieron el nuevo congreso de Diputados en el más fragmentado en casi cuarenta años de historia política electoral.
Con esta fragmentación nace una nueva España, más plural y más diversa ideológicamente y se abre una nueva etapa política en la península ibérica, que deberá dejar atarás la imposición y abrirse a la negociación y al diálogo para poder gobernar, pues gobernará con minorías para hacer la mayoría natural en el congreso.
Mariano Rajoy gobernará, pero sólo puede aprobar asuntos de trámite, hasta la investidura del nuevo presidente. De conformidad con la Constitución española, el presidente del gobierno es elegido por los 350 diputados del congreso, que según el calendario electoral actual, se constituirá el 13 de enero próximo. Ese día los diputados juran acatar la Constitución y eligen al presidente de la Cámara y se abre un periodo de 15 días para la solemne ceremonia de apertura de sesiones en un acto institucional. Sin plazo definido, el rey, Felipe VI inicia consultas con los representantes de los partidos, por orden de mayor a menos, según el número de escaños y, en base a eso, Felipe VI propone al presidente del Congreso un candidato a jefe de ejecutivo, que cuente con más posibilidades de superar la investidura. Para ser elegido presidente, el candidato deberá obtener en una primera votación la mayoría absoluta de la cámara – 176 votos, o más -. Si no lo consigue, en 48 horas hay una segunda votación, en la que se requiere mayoría simple. En caso de que el candidato propuesto no consiguiera los votos necesario en la segunda votación, se tramitarán propuestas de otros candidatos con la misma fórmula, previas consultas del monarca, pero, si dos meses después de la primera votación de investidura ningún candidato obtiene la confianza del Congreso, el rey disolvería las dos cámaras y convocaría nuevas elecciones, con el refrendo del presidente del Congreso.
Desde la inauguración del periodo constitucional – 1978 – jamás se había presentado un caso como éste. España está en el Limbo.






















