La clase política nacional y el nuevo factor de poder político en México – los empresarios, los CCE, CMHN, CANACINTRAS, CANACO, Etc., – están de plácemes: lo que no se pudo realizar en los sexenios de Carlos Salinas de Gortari, de Ernesto Zedillo, Vicente Fox Quesada, ni en los casi cinco años diez meses de Luis Felipe Calderón Hinojosa, se llevó a cabo y por mayoría absoluta, al falta únicamente dos meses para el fin de su mandato, lo que permite deducir que este es el momento de su mayor fuerza política, pues, dice la teoría de la razón de Estado y la llamada ciencia política, que los cambio trascendentales se proponen y realizan cuando el grupo en el poder está en la cima del poder y nadie se lo disputa.
Y esto es lo que deja entrever el hecho que esta iniciativa preferente presidencial haya sido votada por la unión del partido acción nacional – que es minoría en la H. Cámara de Diputados – y que ya se va del poder Ejecutivo – y del partido revolucionario institucional – que es mayoría, pero no natural, pero se convirtió en el partido bisagra – algo ilógico, si se considera que tendrá el poder Ejecutivo, y lo que significa y conlleva, a partir del primero de diciembre.
Esta situación permite deducir que hubo acuerdo entre los dos presidente de la República: el que se va y el que llega y que además hubo una estrategia y táctica política, por los resultados, óptima, espléndida, excelente y el amago a los sindicatos para intervenir en la autonomía sindical, lesionar el derecho de huelga y plantear la transparencia de la administración de las cuotas sindicales.
El planteamiento fue así, por pasos: Primero, proponer la reforma de las iniciativas preferentes y sacar su votación aceptable. Segundo: Negociar con el grupo y partido que llegue al poder – de no ser el mismo PAN – el reconocimiento y suave, planchada alternancia, a cambio de la votación favorable de estas iniciativas – la de reforma a la nueva legislación laboral y la de transparencia en la contabilidad gubernamental, que ya pasó -, amagar a los líderes maiceados del sector laboral – los corporativizados CTM, CROC, CT, etc. – con limitar, lesionar y hasta disminuir, sus derechos y limpiar los cuestiones del manejo de cuotas, autonomía sindical, su vida interna para que cedieran un poco y no perder lo ganado, escogiendo el mal menor, sin perder sus posiciones.
Así, todo pasó y fue votada con adiciones, pero dejando los pelos y con los votos del PRI y del PAN, salió la nueva Legislación Laboral, que, por supuesto hace casi inoperante el artículo 123 Constitucional.
En el fondo fue una iniciativa de Carlos María Abascal Carranza que se dirigió a minar los contratos colectivos de trabajo, los salarios de los trabajadores – al cambiarlos por pago por horas. Ahora los sindicatos locales – los de cada centro de trabajo deberán tener fuerza para defender sus derechos y no unirse a las grandes corporaciones, que nada podrán hacer porque los anularon y los nuevos empleados tendrán empleo, mal pagado, sin todas las prestaciones sociales y laborales y, en contra, los podrán despedir cuando quiera el patrón, sin reclamación alguna y se demostrará la falsedad de que esta nueva ley fomentará la creación de empleos.






















