Desde hace un poco de tiempo, acaso media generación, en todo el país se ha levantado una polvareda que no deja ver el bosque y se ha formado una tormenta perfecta, cuando se habla sobre la violencia contra las mujeres; los puristas del lenguaje expresan: violencia de género.

Y manejan y exhiben datos, gráficas, estudios, análisis; citan libros, autores y X, Y, W y Z personas, textos y datos-cifras.

Lo que importa es hacer mitote y escándalo.

Y en todas partes les escuchan.

Es más, hasta existen legislaciones nacionales que amparan que en los puestos de representación y administración, deben darse y evidenciarse paridad genérica: 50% y 50% para cada uno de los dos sexos-géneros principales.

(Haciendo congruente este momento coyuntural con nuestra realidad, ¿por qué no el 33% para cada uno de los tres sexos-géneros reconocidos jurídicamente? De una buena vez. ¡Así seríamos vanguardistas!)

Al respecto, son viables las siguientes reflexiones:

1°.- Los delitos de violencia se cometen contra los dos sexos y, mayoritariamente, contra los varones.

2°.- Si se cometen delitos contra las mujeres, no son determinados por el ser mujer específicamente.

3°.-Las mujeres también ejercen violencia y delinquen. Únicamente que los perjudicados no lo hacen público por y para no ser motivo de escarnio y risa: Ser violentado por una mujer.

4°.-La participación protagónica de las mujeres en los casos de violencia y delincuencia – organizada o no – está creciendo exponencialmente y en la actualidad un número impreciso de bandas delincuenciales y delincuentes son del sexo-género femenino.

Ahora, visto el asunto desde dos lados: las mujeres deben ganarse el espacio y el respeto, con lo más natural que existe: preparación, conocimiento y experiencia y respetando, cumpliendo las normas del universo y espacio en el que se encuentren.

Seamos civilizados ambos géneros, ofreciendo y recibiendo igualdad en el trato, porque en caso contrario se verá que este momento es únicamente demagógico.