Hoy se festeja a todo lo largo y ancho del país el CV aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Movimiento social al que convocó mediante el Plan de San Luis don Francisco I. Madero para derrocar al dictador Gral. Porfirio Díaz, quien estaba en el poder central, por la vía electoral, de la república desde 1876 hasta 1910 – con un pequeño intervalo del Gral. Manuel González, su compadre -, un periodo de tiempo casi de 30-34 años, dependiendo como se le quiera ver.
El movimiento inició dos días antes, en la ciudad de Puebla, con el allanamiento de la casa de la familia de Aquiles Serdán – y su sacrificio -, pero todo estaba planeado para dos días después: el 20 de noviembre de 1910, como así fue.
La revolución mexicana fue un movimiento de varias etapas, que finalmente terminaron con la convocatoria al congreso constituyente de 1916-1917, que se reunió en la levítica y republicana Querétaro, donde se acordó y promulgó la Constitución Política que nos rige.
Este movimiento social, la revolución mexicana, fue el movimiento social que generó las condiciones y reglas del juego que crearon, constituyeron y establecieron las instituciones que le dieron estructura, dirección y gobierno a nuestro país y definieron el perfil de nuestra sociedad.
A partir de 1917 nuestro país se transformó, pero fue después con la pacificación total de la nación cuando se inició el periodo de construcción del nuevo Estado mexicano que hoy conocemos con las instituciones que le dieron carácter y personalidad.
El México de hoy es mil o un mil millones de veces distinto al México rural de inicio del siglo XX. No es aventurado afirmar que lo que somos; como lo somos y lo que queremos ser como individuo y como sociedad está delineado por las instituciones generadas y producto de la revolución de 1910.
Sin embargo, la revolución mexicana sufrió una contención, desviación e inanición o transformación o un paso lateral: el gobierno emanado de las instituciones que le dieron vida dejaron de darle vigencia y la devaluaron y ya no cumplió su función. A partir del periodo presidencial de Miguel de la Madrid Hurtado – 1982-1988 – el Estado surgido de la revolución mexicana fue, poco a poco, devaluado y desvirtuado y casi todas sus características señaladas como contrarias a las nuevas demandas del nuevo estatus social y de la sociedad y del nuevo Estado: menos estado y más mercado. Tanto mercado como se requiera, como Estado se necesite. Ahora ya el Estado no es protagonista de la vida de la sociedad. Ahora es testigo y quien manda es el mercado y sus leyes. Ahora son otros los fines del Estado: ya no es la sociedad. Y del cambio de modelo Estado-gobierno-sociedad, la sociedad lo ignora.
Este fecha es más por protocolo histórico que por sentimiento nacionalista y, seguramente dentro de 95 años esas generaciones festejarán un movimiento social que fue detenido, parado en seco, en su fuerza y potencia cuando estaba dando sus primeros frutos sociales y quedo en un movimiento, casi, inconcluso y en una Estado fallido.






















