Tomo una fracción de CÁMARA HÚNGARA de Hugo García Michel, publicada en MILENIO diario, en su edición del pasado 14 de noviembre: Una caricatura de Izquierda:
“¿Cómo caracterizar a eso que en México hoy se denomina izquierda? ¿Cómo definir a ese ente desideologizado, oportunista, distorsionado, corrompido, ridículo, inculto, anquilosado, retrógrado y decenas de adjetivos más que se le pueden adjudicar sin faltar a la verdad?

La izquierda mexicana no tiene precisamente una historia ejemplar o de al cual pueda enorgullecerse. Desde tiempos de Vicente Lombardo Toledano o del staliniano Partido Comunista, su camino ha estado empedrado por un cúmulo de divisiones, odios, y traiciones. De todos los personajes que lucharon por conformar una verdadera izquierda en nuestro país, muy poco nombres se pueden rescatar. Yo mencionaría a Heberto Castillo y a José Revueltas como los dos más insignes, con todas las contradicciones de este último. Mentes lúcidas las ha habido también en el campo de la teoría, caso de gente notable como Roger Bartra, Luis González de Alba o José Woldenberg, para citar tres ejemplos.

Sin embargo, lo que hoy se conoce como izquierda no es sino una caricatura infame. No se me ocurre otra manera de definir a los actuales PRD y MORENA (Convergencia y esa mala broma que fue el recientemente desaparecido Partido del Trabajo no cuentan), cuyos líderes son como un mal comic o una grotesca serie de dibujos animados. Basta verlos a diario. Obsérvense las disputas mezquinas entre chuchistas y antichuchistas o escúchense el delirante discurso cotidiano de López Obrador, quien, cual Alex Lora de la política, viene repitiendo las mismas frases desde hace tres lustros (en ese sentido, no hay muchas diferencia entre “¡Qué viva el rocanroooll! Y “la culpa la tiene la mafia en el poder”. Léase además, el tipo de prensa amarillista y catastrofista que bajo el disfraz de santurrón progresismo coopta buena parte de los medios impresos. Es una calamidad.

Mucha falta le hace a México una izquierda moderna, abierta, inteligente, cultivada y con planteamientos concretos en pro de las mayorías y las minorías. Pero mientras sigamos entre chuchos y pejes y sus adláteres, no sé ve cómo pueda surgir. Vaya joda”.

También, lo que le falta a la izquierda mexicana es congruencia entre las ideas, las palabras y los hechos: sus documentos básicos dicen otra, las palabras de sus dirigencias y figuras-personalidades, otra y la realidad, otra y entre las tres existe mares de diferencia.

Sumado a lo anterior, necesita militantes y no se ve, no se nota, no se percibe algún programa, proyecto viable que les pueda generar militantes; son inexistentes las acciones programadas, o no, de promoción de su ideología -¿cuál? -: en todo el PRD campea un pragmatismo espectacular, que, por cierto ya no le es productivo, desde la salida de Cuauhtémoc Cárdenas y la sangría que representó Andrés Manuel López Obrador, que lo ubicó en la lona con aguda anemia. Si a todo lo anterior, finalmente, le sumamos la carencia total de líderes –locales, regionales y nacionales – tenemos la visión completa del actual PRD.