Por considerarlo interesante, pues habla y trata del cáncer de la corrupción, fusilo una colaboración de Diego Fernández de Cevallos y, si el tiempo y espacio alcanzan, otra de Ricardo Monreal, ambas publicadas en MILENIO diario.

La de don Diego – publicada el 26 de octubre -, la cabeceó así: DEMOCRACIA DECEPCIONADA DE NOSOTROS.

“Dos jóvenes amigas, que tenían tiempo sin verse, platicaban. Una comentó: Conocí a mi marido, dos meses antes de casarnos; la otra, a punto de llorar, solamente dijo: Al mío, yo lo conocí dos meses después.

Creo que es la democracia la decepcionada – como la segunda mujer – por haber conocido a los ciudadanos después de que nosotros la hiciéramos nuestra.

De haber sabido que somos demócratas hubiera rechazado el amorío.

Es cuestionable que algunos politólogos analistas y ciudadanos la culpen de los magros resultados alcanzados durante el poco tiempo de vida en común, siendo evidente que nada puede dar la democracia sin demócratas.

Además, exigimos de la democracia electoral que nos dé lo que no se puede dar, pues esa forma de vida sirve para pocas cosas, aunque todas sean de la mayor importancia. Sirve, por ejemplo, para que nuestras diferencias en la conformación de los órganos de poder se resuelvan pacíficamente conforme a leyes previamente establecidas, pero no puede sustituir la corresponsabilidad de gobernantes y gobernados en la generación de bienes públicos.

La falta de responsabilidad común ha propiciado concentración del ingreso, aumento de la pobreza, corrupción, impunidad y violencia.

Señalar lo anterior no implica quitar un ápice de su culpa a gobiernos y grupos de poder por lo que acontece, pero es un engaño perverso hablar de gobiernos malos y pueblo buenos.

Acusar a los gobiernos de actos de corrupción no es gratuito, pero sí incompleto, porque donde se padece ese mal en grado de metástasis, hallamos instituciones que, además de ser corruptas han sido corruptoras, y las sociedades quedan carcomidas por ese cáncer. La maldad baja y sube por carreteras de ida y vuelta.

El presidente de la República acertó cuando dijo que en la lucha contra la corrupción ha de tomarse en cuenta la condición humana y aspectos culturales.

Tiene razón Aguilar Camín al decir en este diario: La corrupción y sus bajas pasiones son tan viejas en la historia del mundo que parecen, en efecto, parte de la condición humana. Solo han podido reducirlas, domarlas, unas cuantas sociedades cuya historia está, sin embargo, llenas de ellas.

Lo han logrado todas en proceso largos, fincados en leyes y castigos que con el tiempo forman en las personas una especie de segunda naturaleza que encuentra inaceptable la corrupción que antes era pate de su vida diaria, sus usos y costumbres: su cultura.

No perdamos el tiempo, abatiremos la corrupción si la sociedad aprovecha sus reservas morales en un proceso educativo y cultural civilizatorio.

Si campean el egoísmo y barbarie y turbas asesinas linchan en plazas públicas a seres indefensos – como los dos encuestadores quemados vivos en Puebla -, la democracia es una quimera.

Para limpiar la vida pública se requiere un pueblo con valores cívicos, sometido a la ley, que exija   al gobierno respetarla y hacerla respetar; donde se acepte que la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que debemos hacer. Lo demás es arar en el mar.”

EDITORIAL

 

FUSILANDO A… (2)

 

De Ricardo Monreal, ex gobernador de Zacatecas, ex senador de la República y actualmente delegado político en Cuauhtémoc, presento algunos fragmentos de su colaboración que cabeceó así:

¿LA CORRUPCIÓN “ESTÁ EN CHINO”? Publicada en MILENIO, diario en su edición del pasado 20 de octubre, de 2015.

“Si usted cree que la corrupción en México está en chino, entonces habrá que ver lo que está haciendo China para enfrentar este cáncer.

  • Política de Estado contra la corrupción. Al asumir Xi Jinping la dirección del partido

Comunista (2012) y la presidencia de la república China, declaró la guerra a la corrupción política y económica. La lucha contra la corrupción se elevó a rango de política de Estado y fue llamada la “segunda revolución cultural” dado el enfoque cultural educativo adoptado.

2). Pena de muerte a funcionarios corruptos. China contempla la pena capital para funcio0narios que soliciten o acepten sobornos que excedan de 100 mil yuanes (12 mil 700 euro, unos 240 mil pesos mexicanos). Según un sondeo de enero de este año, el 73% de la población china apoya esta medida. Ejemplos de resultados: Zhang Xinhua, administrador de la corporación industrial y de agricultura Baiyun de Guangzhou, es el funcionario de más alto rango condenado a la pena capital de este año. Fue apresado con 37 kilos de oro escondidos en su casa. Indonesia, Singapur e Irak son países que contemplan también la pena de muerte para funcionarios que incurran en actos de corrupción. Desde el soborno hasta el fraude.

3) Cadena perpetua. En los casos de sobornos, mordidas, moches, “entres, disimulos y cualquier otra gama de manejo fraudulento o daño patrimonial al erario chino por lo menos de 100 mil yuanes, la legislación contempla la cadena perpetua. El caso más representativo es el del ex ministro de ferrocarriles Liu Zhijun (60 años), considerado el padre del ferrocarril de alta velocidad (el mismo que se pretendía instalar en el tramo México-Querétaro), quien fue encontrado culpable de utilizar su posición para ayudar a 11 contratistas cercanos a su círculo de amistades y de recibir sobornos por 8.2 millones de euros, entre 1986 y 2011.

4) Confiscación de bienes de funcionario y de su entorno familiar. Por este medio, el gobierno chino ha recuperado 6 mil millones de dólares hasta el mes pasado.

5) “Un día en prisión”. El gobierno chino está invitando a sus funcionarios de diversos rangos a pasar 24 horas en una prisión de alta seguridad (sin túneles) para advertirles de las posibles consecuencias de sus actos de corrupción. El confinamiento incluye la visita de la esposa (o) y de los hijos (as) al funcionario preso por un día.

China es un ejemplo a seguir en diversos rubros (derechos humanos, democracia política, políticas ambientales). Pero en materia de lucha contra la corrupción algo está haciendo bien, porque en poco tiempo su índice internacional ha bajado 11 puntos…los mismos que ha subido nuestro país”.

En nuestro país, lo más cercano que hemos estado de una política de Estado contra la corrupción son los planes de austeridad de cada sexenio – que son un fracaso -; la secretaría de función pública y la ley contra la corrupción, que aun no entra en operación y que generó una tormenta un vaso de agua y, finalmente, algo que pudo ser diferente: la campaña política de Miguel de la Madrid Hurtado: Por una renovación Moral de la Sociedad. Y que quedó en eso: un lema de campaña.