La sociedad nacional destina estos dos días – 1° y 2 de noviembre – a recordar afectuosamente a sus seres queridos que rindieron tributo a la tierra y desde todos los rincones de la patria, se resida en donde se resida, vienes los hijos, hijas, nietos, esposos y esposas, y todos los familiares, a rendirles tributo y a recordarlos y, algunos, a llorarlos.

En estos dos días, sin importar posición económica – rica, pobre y miserable -, ni capacidad de poder – poderoso y débil -; ni grado y tipo de belleza – carita, bonito, atractivo o no agradable y hasta repulsivo -; ni condición cultural – científico, preparado e iletrado…en estos dos días todos reciben el reconocimiento de sus familiares y amigos.

Fieles a los usos y costumbres; a las traiciones que se hacen leyes, los familiares llevan una modesta o ampulosa ofrenda de lo que desean que sus muertos disfruten, aunque sea con el recuerdo y la evocación y así vemos fosa, monumentos funerarios, las moradas, casas de las ánimas, hasta mausoleos – moradas, casas y palacios – adornados con colores florales, con flores de todo color y fragancia, sobresaliendo los blancos, los rojos y los amarillos, así como algunos platillos caseros, típicos y regionales…

Todas las culturas – de todos los lugares y todos los tiempos – guardan un rito muy especial a estos dos días – sobresaliendo la egipcia y la inca -, pero la nuestra es muy especial, sobradamente especial.

Respetamos tanto a la muerte por su característica de general – de no discriminar a nadie – que hasta la hacemos nuestra amiga, la invitamos a comer, la sentamos a nuestra mesa y hasta nos la comemos.

Tal haya otra cultura sobre la faz de la tierra, pero esta característica es muy nuestra.

Por la comercialización, que abre carreteras a todo, con el afán de la ganancia, se están introduciendo, y aceptando, otra actitud individual y social en estos días, que no se puede detener y vetar; sean bienvenida cualquier otra costumbre y tradición, con tal que nosotros como mexicanos cumplamos y respetemos la nuestra, que es ese respeto a nuestras costumbres y tradiciones, nos hacen más fuertes como pueblo y como nación.

Bienvenidas las ánimas de nuestros seres queridos y felicidades a todos por cumplir y respetar la tradición muy mexicana de Día de Muertos.