Todos estamos inmersos en el universo del salario mínimo; todos sabemos que existen dos salarios mínimos: el salario real y el salario mínimo oficial.
El salario mínimo oficial, es el que cada final de año, los miembros de la Comisión Nacional de Salarios Mínimo acuerdan cada año y que será el monto que tendrá vigencia por y para el siguiente año; su inmovilidad es total, absoluta. Este monto debe satisfacer el mandato constitucional de proporcionar satisfacción alimentaria, habitación, educación, recreación, atención médica-asistencial, cultura, transporte y vestido al trabajador mexicano y a su familia.
El salario real es la capacidad de compra de ese salario mínimo. Desde la administración presidencial de José López Portillo – 1976-1082 – el salario real ha ido perdiendo capacidad de compra y en este momento su disparidad es superior al 80%, considerando las actuales necesidades de una familia del trabajador mexicano.
Se dieron y se seguirán ofreciendo y teniendo múltiples justificaciones, pero lo cierto es que no alcanza por más que se le estira y se le estira. Dos de estas justificaciones afirmaban que no se podía elevar la cuota diaria del salario mínimo nacional porque existían dos o tres cuotas de salarios mínimo, pues el país estaba divido en zonas económicas – zona A, zona B, zona C – y que, además, el monto del salario estaba unido – indexado – a varias medidas usadas por el área de justicia para fijar multas, castigos, premios, fianzas, seguros, y demás. Pues buen, estos dos impedimentos fueron ya removidos.
Recientemente – el pasado jueves 22 del presente -, el Senado de la República aprobó la reforma constitucional para indexar el salario mínimo y se la regresó a la cámara de diputados y a partir de la fecha, el salario mínimo ya no será utilizado como unidad de cuenta para cobros, índices, bases, de medidas y referencias que establecen las leyes federales y estatales.
Se debe recordar que, al inicio del segundo semestre de este año, las secretarías de trabajo y hacienda, por acuerdo presidencial, incrementaron a 70 pesos el salario mínimo y, complementaron esta acción con la desaparición de las zonas económicas, quedando sólo un monto salario mínimo para todo el país.
Por otro lado debe recordarse que el jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera acordó que los trabajadores del Distrito Federal tuvieran un salario mínimo de $ 80.00, acción que fue vista como un acto populista y propagandístico con fines electorales; incluso los partidos políticos de acción nacional, de la revolución democrática y revolucionario institucional expresaron sus posicionamiento y se manifestaron las dos ubicaciones clásicas: a favor y en contra, con todas las argumentaciones posibles – positivas y negativas.
Varias cosas serán ciertas: el salario mínimo nacional – real y oficial – serán parte del decálogo de campaña de algunos partidos políticos y sí es posible crecer con un poco de inflación y de déficit financiero. Como prueba de ambas posiciones ahí están Grecia, Portugal, Italia, Irlanda, España y los Estados Unidos. Por lo pronto, bienvenida esta reforma constitucional que libera de rémoras y lastres al salario mínimo.























