Entre salario y precios está vigente una carrera que desde hace una generación -1985 , sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado – el salario ha ido perdiendo capacidad de compra; en otras palabras, con la llegada de los tecnócratas al poder político de toma de decisiones ejecutivas, coincidentemente con las ideas neoliberales en la economía, en donde el papel del Estado fue disminuido hasta convertirse en testigo de la vida social y dejarle todo el campo a la iniciativa privada y sus leyes del mercado, con los axiomas: ”Dejar hacer, dejar pasar” y “Tanto mercado como sea indispensable como Estado como sea necesario”.

Con esas bases, los precios resultan victoriosos cada año y el salario, derrotado. Cada año, cuando se negocia tripartitamente en el seno de la Comisión Nacional del Salario Mínimo, su monto para todo el año siguiente, invariablemente los líderes obreros declaran que “ahora sí
Se tendrá un salario mínimo fuerte y con gran capacidad de compra, mas los líderes empresariales dicen lo contrario y con el aval del Estado, únicamente se llega a un incremento del 3 o máximo, el 4%.

En este año, hasta hace unos días, el salario estaba dividido en zonas económicas y otro para las zonas fronterizas, y su monto promedio era de $ 67.00, pero en los primeros días de la semana se dio una autorización presidencial para que el salario mínimo nacional fuera homologado en todo el país y su monto fuera de $ 70.10. En otras palabras, hubiera una sola económica, sin importar su ubicación del trabajador y con el monto de $ 70.00. En síntesis un incremento promedio de 3 pesos diarios.

Curiosamente el llamado salario mínimo es la base para muchas acciones de tipo laboral, de actos de justicia y cálculo de fianzas, penas y castigos.

Todos los actores políticos, partidos y empresarios consideran que esta homologación es insuficiente.

En palabras del secretario de trabajo Alfonso Navarrete Prida afirmó que la homologación salarial es insuficiente para recuperar el poder adquisitivo, pero permitirá dinamizar el mercado interno y señaló que los ajustes no se pueden hacer sólo por deseo, sino con responsabilidad y con el análisis de las condiciones; un mayor incremento afectaría a las micro, pequeñas y medianas empresas, pues tendrían que recortar personal y realizar otros ajustes para soportar los costos…Ojalá no sólo pudiéramos elevar el salario a 80, sino a 90 pesos, pero hacer eso sería una irresponsabilidad, porque la pregunta es ¿quién va a pagar esto? 75% de la gente no tiene problema, pero salgamos a la calle a preguntar, ¿le puedes pagar tanto más a tus empleados? Y te responderá, ¿Cómo?

Los trabajadores llevan una generación – 30 años- apretándose el cinturón y corriéndole un agujero a su cinturón; ahora es tiempo que los empresarios, el factor capital y quienes reciben la mayor y desproporcionada distribución de la riqueza generada en las actividades económicas, pero que esto pudiera ser una realidad está tan lejos como el realizar otra revolución silenciosa como la realizada por Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.