Esta media semanas, jueves 24 y su fin, los días sábado 26 y domingo 27, serán muy moviditos, desde el punto de vista político, más que policiaco y jurídico y, como complemento, de comunicación.

Todo tiene relación con el caso de la Noche más Triste: Ayotzinapa-Iguala-Cocula y la desaparición de los 43 alumnos de la escuela normal rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero.

El jueves 24, la presidencia tiene agendada – hasta el momento – reunión con la organización “padres de los 43 normalistas desaparecidos”, que muy seguramente acudirán con sus asesores jurídicos, representantes de los expertos del Grupo Interdisciplinario de Especialistas Internacionales, representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La presidencia de la República contará con todo el expediente sobre el caso, los detalles técnicos periciales y las resoluciones del laboratorio de la universidad de Innsbruck, Austria, así como la información precisa de las detenciones y confesiones de los más de 111 detenidos por este caso verdaderamente espeluznante y ojalá que irrepetible.

¿Qué pasará aquí?

Se desconoce, porque la presidencia de la República expondrá los hechos científicos y las actuaciones del gobierno de la república – que no le correspondían – para esclarecer este hecho y todo el grupo que se cubre con el nombre de Padres de los 43 alumnos desaparecidos deberán decidir si aceptan la versión científica, histórica y jurídica o aun se mantienen en su actitud de rechazo de estas investigaciones.

Y lo que resulte de esta reunión decidirá el sentido de los días siguientes.

El gobierno de la República tiene todo para resultar beneficiado, airoso. Aquí no debe haber ni ganadores ni perdedores.

Aquí debe prevalecer la buena voluntad, la humildad, la humanidad, la solidaridad ante los hechos irreparables, la comprensión de la situación y tender la mano para los padres y familiares – ayudas, becas, reconocimientos, etc., etc.

Estos días son el momento del gobierno, de la República o serán todo lo contrario: el recrudecimiento de la agitación y de la subversión y la continuidad de la acción de desprestigio contra las instituciones de la República. También veremos cómo, la oficina presidencial, maneja este hecho, en términos de mensajes y comunicación.

En buena parte, el color de lo que resta a la administración se perfilará en estos días.