Para continuar con esta sección y en esta semana, nos fusilamos la columna APUNTES FINANCIEROS, de Julio Serrano, publicada en diario MILENIO; en su edición del miércoles 2 de septiembre del presente año…la cabeceó así: PRECIOS POR DECRETO.
Qué fácil sería el manejo de la economía, si el gobierno pudiera determinar por decreto los pr5ecios de los bienes y servicios del país. La inflación estaría siempre bajo control. Pese a que se ha int5entado en numerosas ocasiones, el resultado ha sido, inevitablemente el fracaso.
Esto parece no importarle a la Procuraduría Federal del Consumidor. La Profeco está realizando un operativo para evitar aumentos injustificados de precios de productos de primera necesidad. Su argumento es que quiere vigilar que los comerciantes no estén aprovechando la fuerte devaluación del peso frente al dólar para encarecer la canasta básica.
Puedo entender la motivación de las Profeco. Quiere ser vista como un aliado del consumidor, como un defensor de la gente frente a rapaces empresarios. Pero estamos hablando de una explicación mediática.
Desde el punto de vista económico, en la enorme mayoría de los casos, la decisión de a qué precio vender un artículo o un servicio debe recaer exclusivamente en el empresario. Sólo él puede determinar si un aumento de precio es justificado o no. Si lo vende muy caro puede perder clientes. En una economía de mercado, en la que existe competencia, el precio final lo debe determinar la oferta y la demanda; no el gobierno.
Controlar los precios de manera artificial puede provocar escasez, ya que muchos vendedores podrían optar por retirar sus productos antes de venderlos a un precio inadecuado. También puede frenar la entrada de otros jugadores al mercado. Otra de las consecuencias puede ser el surgimiento del mercado negro, el cierre de establecimientos y la pérdida de empleos. Para un caso extremo de los efectos nocivos del control de precios sólo hay qu8e ver a Venezuela.
Es verdad que hay ocasiones en las que está justificado que el gobierno intervenga en el mercado para controlar precios; pro ejemplo cuando jugadores se coluden o cuando existe un jugador dominante que puede imponer un precio. Pero estas situaciones, aunque existen, son raras. En la mayoría de los casos, incluidos los que está revisando la Profeco, existe competencia en México.
Por un lado la Profeco afirma que en México no hay control de precios. Por el otro, que sancionará los aumentos injustificados. No entiendo cómo puede reconciliar estas ideas. F. Scott Fitzgerald alguna vez dijo que la prueba de una inteligencia de primer nivel es la habilidad para mantener dos ideas opuestas en la cabeza al mismo tiempo y mantener la habilidad de funcionar. Ha de haber estado pensando en la Profeco.






















