La semana pasada circuló por los canales usuales información sobre un asunto, aparentemente trivial, sobre una cuestión laboral, pero por la persona de que se trata y el centro de la actividad laboral, no lo es tanto.
Cuauhtémoc Cárdenas Batel, nieto del general Lázaro Cárdenas del Río, presiden te de la República e ícono del Estado Nacionalista; hijo de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ex gobernador del estado y creador, en unión de un grupo de amigos e intelectuales, todos ellos “políticos”, del Frente Democrático Nacional, antecedente político partidista del ahora partido de la revolución democrática y primer jefe de gobierno por la vía electoral del Distrito Federal, presentó demanda por el no pago de su salario – y prestaciones de ley – por su responsabilidad como directivo superior del ente encargado de la reconstrucción, remodelación y adecuación del teatro de la ciudad de Morelia.
El pago que demanda tiene como base un salario de $ 90,000.00 mensuales. El periodo de pago que se exige es el final del año pasado y todo lo que ha corrido del presente año.
Curiosamente la obra arquitectónica, en total y en detalle, es un secreto, lo cual no debe ser, porque es una obra pública y que se construye con dinero público y, finalmente, se rumorea que la obra es desastre, ejemplo del descuido, de la no planeación en la construcción de una obra y, realmente, un despilfarro.
Si es cierto lo que exige el demandante, deberá acreditarlo y mostrar documentos que lo respalden y se le debe pagar, hasta el último centavo.
Independientemente del curso del proceso y su resultado, el señor Cuauhtémoc Cárdenas Batel debió considerar otras vías para exigir el pago, pues estuvo obligado a reflexionar que su designación como responsable de esa obra se debió más a su nombre y apellido que a su capacidad técnico-administrativa. De hecho este señor, con todo el respeto como persona, tenía una canonjía política, una beca, un subsidio, por el puro nombre.
En números redondos, por estar al frente de este “ente” – la figura que sea – recibía en números redondos, la no despreciable cantidad de un millón de pesos al año y por algo que ya lleva sus buenos años – por lo menos 5 – sin mostrar ni un avance. Es más, se rumorea – porque no hay información – que casi todo lo hecho hasta el momento está en ruinas por… ¡porque está a la intemperie! También se dice que los dueños-administradores de las construcciones que la rodean, están o consideran hacerlo, por presentar demandas por daños en sus propiedades inmobiliarias.
Si bien en el mundo en el que vivimos no es posible porque el demandante es miembro de una saga familiar y política muy poderosa en el país, si debería de actuarse en justicia y limpiar ese asunto para evitar que vaya a quedar como lo de la Estela de la Luz, la biblioteca Vasconcelos y el nuevo edificio del Senado de la República: ejemplos de corrupción e impunidad.






















