Desde el primero de septiembre a la fecha estuvo de moda hablar de la iniciativa preferente presentada por el titular del Ejecutivo Federal para modificar la Ley Federal del Trabajo, con las justificaciones siguientes: A.- Es una arcana legislación vieja, inadecuada con las necesidades de los tiempos de ahora. B.- Se deben modernizar las relaciones laborales para que haya más empleo y el país sea más competitivo, a nivel internacional.
Con esos sofismas –mentiras políticas – y con todo el poder presidencia, la anuente complicidad de los llamados líderes sindicales y el beneplácito de los patrones y el acuerdo de los dos mandatarios, la iniciativa preferente va muy bien, para todos los que la aprobaron en el palacio de San Lázaro y están por darle el vestido de recién nacida a la iniciativa que será nueva Ley Laboral Federal en unos cuantos días más.
En estos espacios expusimos nuestras argumentaciones sobre este proceso y ahí quedaron; por considerarlo útil y positiva, transcribo colaboración de Juan Federico Arriola (Profesor Investigador del Departamento Académico de Derecho de la Universidad Iberoamericana), publicada en EL FINANCIERO, en su edición del 11 del presente.
“LA ABOLICIÓN DEL FEUDALISMO, EXPRESADA DE UN MODO POSITIVO, SIGNIFICA EL ESTABLECIMIENTO DEL RÉGIMEN BURGUÉS. A MEDIDA QUE DESAPARECEN LOS PRIVILEGIOS DE LA NOBLEZA, LA LEGISLACIÓN SE VA HACIENDO MÁS BURGUESA. Y AQUÍ LLEGAMOS A LA MÉDULA DE LAS RELACIONES ENTRE BURGUSEÍA Y GOBIERNO.” FRIEDRICH EENGELS (PREFACIO A LA GUERRA CAMPESINA EN ALEMANIA. LONDRES, 1 DE JULIO DE 1874)
No soy marxista, pero estoy convencido de que la doctrina de Marx y Engels está viva porque sus causas están vigentes: la explotación laboral, la injusticia social y la falta de protección de los derechos de los trabajadores. Podemos agregar que hay fraudes laborales y simulación jurídica en varias regiones de México. El socialismo demostró ser un fracaso y una decepción, por convertirse no en una opción liberadora de los trabajadores, sino en dictaduras totalitarias opresoras de la clase trabajadora. Bastan unos boto9nes de muestra: Stalin, Mao, Fidel Castro (más amado en México que en Cuba), Ceausescu, etcétera.
El hecho de que defienda los derechos de los trabajadores no me convierte en marxista o creyente de la lucha de clases. Pero si se pretende que impere la justicia social-laboral hay que ver qué pasa en los pasillos del poder.
Hay una alianza clara entre el Consejo Coordinador Empresarial, cuyo dirigente Gutiérrez Candiani llama a los senadores a postergar el tema de la democracia sindical, precisamente para apurar el nuevo esquema explotador y por cierto violatorio del artículo 123 constitucional, y dirigentes priístas como el senador priísta Emilio gamboa y su jefe Enrique Peña Nieto, quienes trabajan a las órdenes de sus verdaderos jefes: los líderes sindicales. ¿Quién propuso a Romero Deschamps a ser senador de la República: Peña Nieto, Coldwell o el mago Salinas? NO se trata de proteger a los trabajadores sino a sus explotadores, vengan de donde vengan. ¿Romero y Gordillo no pueden demostrar cómo sus riquezas súbitas se deben a ahorros y empeños laborales, sino a la opacidad del manejo de recursos federales?
No todo el proyecto de la reforma laboral es perverso. Lo que sí es perverso es proteger los intereses de los grandes sindicatos en contra del dinero (cuotas) que pagan los trabajadores sindicalizados – del cual no reciben cuentas claras – y de su derecho a escoger a sus representantes. Necesitamos que el capital tenga seguridad jurídica para invertir y reinvertir, pero también necesitamos proteger a los trabadores de los abusos de algunos poderosos que ven a sus empleados como piezas de refacción, por tanto sin dignidad humana.
Estoy completamente de acuerdo con Jacqueline Peschard, presidenta del Ifai, cuando dice:”Todas aquellas organizaciones que reciban recursos públicos, como los sindicatos, deben ser sujetos obligados por l ley para transparentar su ejercicio.” El Financiero, martes 9 de octubre de 2012.
Está claro el juego de algunos empresarios, algunos políticos del PRI y los jefes sindicales que son profundamente opacos en su administración y terriblemente autócratas en el ejercicio de su poder feudal.
El problema es de fondo: la democracia mexicana naufraga en aguas autoritarias. Los partidos políticos, los jefes sindicales y algunas agrupaciones empresariales no tienen el honor de conocer la democracia interna.
Los trabajadores mexicanos aún tienen el Juicio de Amparo para defender una supuesta y probable reforma laboral que atenta contra el artículo 123 constitucional. La democracia sindical y la transparencia de los recursos públicos fueron la zanahoria y la trampa para varios legisladores. El Senado no tiene por qué plegarse a lo que envío la Cámara de Diputados. ¿Qué sentido tiene entonces ser, en este caso, cámara revisora?
La radiografía muestra tumores cancerosos. Peña aún no asume el poder y ya está de rodillas antes sus patrones: los jefes sindicales que ya le marcaron un alto. El PRI nació como partido fascista por imitación de lo que pasaba en Italia con Mussolini, y hoy es reo de su corporativismo. No hay nuevo PRI, ha regresado el corporativismo reforzado. El Consejo Coordinador Empresarial y los sindicatos atentan contra los derechos de los trabajadores, con la venia de los legisladores priístas y algunos panistas.
Engels fue un escritor y empresario burgués transnacional que mantuvo económicamente a su amigo Marx y su familia. A los políticos, empresarios y jefes sindicales que hacen maromas públicas no les interesa el bien común ni la productividad sin explotación, ni la justicia social y tampoco escribir tratados de política o de economía: sólo les interesa preservar sus intereses particulares, algunos legítimos y otros sin duda mezquinos. (SIC)
El autor de esta columna es, seguramente de Sangre Azul, panista de hueso colorado. ¡Cómo serán las cosas que está defendiendo a los trabajadores!
¡Como Lutero!…En contra de la Iglesia.
¿Quién ha defendido a los trabajadores? ¿La CTM, la CROC, el Congreso del Trabajo? ¡Por favor! Sus dirigencias son diputados o senadores o ya dieron sus votos.
¡Pobres de los trabajadores de hoy y de mañana! … ¡Qué lástima les tengo!






















