Como si fuera poco para los conflictos de confianza e incredulidad que enfrenta la administración, llegó una información que generará muchos más conflictos que la luz que podría acarrear.
“EL GRUPO INTERDISCIPLINARIO DE EXPERTOS INDEPENDIENTES – GIEI – QUE APOYA TÉCNICAMENTE LA INVESTIGACIÓN DEL CASO AYOTZINPA AFIRMÓ QUE, DE ACUERDO CON LAS INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS, LOS 43 CUERPOS DE LOS JÓVENES NO FUERON INCINERADOS EN EL BASURERO DE COCULA…Y solicitó A LA PGR AHONDAR EN UNA LÍNEA DE INVESTIGACIÓN, YA QUE, SE PRESUME QUE DE IGUALA, GUERRERO, A CHICAGO, ESTADOS UNIDOS, SE TRASLADA DROGA A BORDO DE AUTOBUSES, LO QUE PODRÍA HABER LLEVADO A LA RESPUESTA VIOLENTA CONTRA LOS NORMALISTAS”.
Ante este dato, el Estado mexicano ya tomó cartas en el asunto y el presidente de la República ordenó realizar una investigación de altísimo nivel con peritos de formación y experi8encia consistentes con la magnitud del problema; además, de que la investigación será llevada por Felipe de Jesús Muñoz Vázquez, responsable de la subprocuraduría Especializada en Investigaciones de Delincuencia Organizada y la acumulación de los procesos penales serán resueltos por un solo juez y no como ocurre hasta ahora, en varios juzgados.
Ahora bien, SI ESTE INFORME esta información abre varias interrogantes: ¿Si no fueron incinerados en el basurero, en dónde y en dónde los ultimaron? Todas las reflexiones llevan una sola dirección.
Por otro lado, es sujeto de discusión si se creó una capacidad de fuego suficiente para incinerar la pira de seis pisos con los 43 cuerpos y, posteriormente, la trituración hasta pulverización de los restos óseos y “metálicos” y tirarlos al río.
Debe recordarse que las investigaciones formales, se iniciaron hasta diez, doce y hasta quince días después del suceso y se llegó al basurero mucho después y al río, casi un mes después.
En el libro “LA NOCHE MÁS TRISTE”, de Esteban Illades, libro de investigación periodística se detalla casi cronométricamente los sucesos de esa noche y muestra una serie de inconsistencias de la investigación y siembre la duda en el lector y en la sociedad sobre la existencia actual de un quinto autobús y de una persona de bigote blanco que dio instrucciones a los policías sobre lo que se debería de hacer con el contingente detenido. Ninguna de las averiguaciones habla de ese no nombrado autobús, ni de un hombre bigotón, de bigote blanco, y, además, plantea una interrogante, que en ninguna parte de todas las averiguaciones hasta la fecha realizadas ha informado: A.- ¿? Qué motivó la desmedida reacción de la policía de Iguala y de Cocula en contra de los estudiantes. B.- ¿Por qué, según el informe del GIEI tanto policías estatales, como el C4 y miembros del ejército, no intervinieron si tenían informes, conversaciones radiales de los sucesos? C.- ¿Dónde quedaron las hebillas, botones metálicos y celulares que llevaban los estudiantes esa noche? ¿Los consumió completamente el fuego?
Est5e hecho presenta la necesidad de una actuación más decidida: está en juego la imagen del Estado mexicano y sus procesos para procura y administrar justicia, por lo que es prudente y hasta aconsejable que intervenga la Suprema Corte de Justicia de la Nación y se conforme una entidad profesionalmente competente para llevar estas investigaciones y resolver este caso, con confianza, credibilidad y certeza jurídica, inobjetable e irrecusable.
La salud del Estado mexicano así lo requiere.






















