La ciudad capital de nuestro estado va con los cambios políticos en el país y es protagonista de las modalidades en la elección de sus autoridades públicas: Su presidente municipal es de origen apartidista, por lo menos así sugiere la palabra independiente, lo cual en este momento de la vida política, de mayor diversidad ideológica, de la mayor participación político partidista, del utilitarismo, del no uso de la ideología para su plataforma ideológica y programa de gobierno, es posible, pero de acuerdo con la carrera político administrativa del hoy alcalde moreliano es imposible.
Aunque su abuelo fue presidente priísta de la ciudad de Morelia, su formación, su actuación y sus representaciones públicas han sido formadas y realizadas dentro del partido Acción Nacional y, pese a sus nuevas declaraciones, es y será panista.
Sus primeras decisiones así lo demuestran: designó a figuras de formación y actuación de Acción Nacional.
Muy seguramente así continuará, lo cual no es malo, pero sí son incongruentes con sus declaraciones, pues finalmente tiene su corazoncito y por sus venas late y circula sangre azul.
Por otro lado, olvidó la recomendación de Nicolás Maquiavelo a todos los que desean ser Príncipes: La primera opinión que los súbditos tiene de su Príncipe es la designación de sus servidores.
Es sumamente prematuro ofrecer una valoración de ellos, porque la administración no lleva ni diez días, pero en los Cien Días napoleónicos sí lo podremos hacer. Tienen la ventaja de que están jóvenes y que tiene mucho por aprender, y por dar, pero en una ciudad como Morelia, lo que requiere son resultados desde el primer momento. El refrán dice que “El que es perico, donde quiere es verde”
Desde otra perspectiva el alcalde moreliano está mostrando un perfil muy desvanecido, muy verde. No es aceptable que al inicio de su administración carezca del personal responsable para cada una las áreas de la estructura administrativa; que, además, no presente ni siquiera un proyecto de Programa de la administración. Únicamente palabras.
Finalmente, ¿Cuál sería la intención de su convocatoria para incorporar a quienes se consideran aptos o con merecimientos para ser jefe o trabajador de la nueva administración? Aparte de la precisión de los detalles laborales, ¿En dónde colocará a los más de dos mil solicitantes? ¿Con qué recursos les pagará? ¿O habrá despedidos? ¿Y los desplazados-despedidos y sus derechos?
Parece ser que se cumple aquella sentencia de que una cosa es estar de un lado de la mesa y otra, estar del otro lado.
Lo más conveniente es cerrar la boca y ponerse a trabajar.






















