“Normalmente sólo vemos lo que queremos ver; tanto es así, que a veces lo vemos donde no está.” Eric Hoffer

Hace poco tiempo, el semanario británico The Economist, publicó un artículo titulado “The Mexican morass” (El pantano Mexicano) donde señala que ni el Presidente Enrique Peña Nieto ni el Secretario Luis Videgaray entienden la magnitud del problema por conflicto de interés y muy probable corrupción que tienen por su relación con los empresarios que han recibido millonarios contratos durante sus administraciones. Sin vuelta de hoja el semanario sentencia: “El presidente que no entiende que él no entiende“.

Eso me hace pensar en un problema que en nuestra sociedad y al parecer en medio mundo existe, nuestra inagotable capacidad de autoengaño y como eso afecta nuestra vida diaria.

Sobre este asunto, Daniel Goleman, autor norteamericano más conocido por su libro “Inteligencia emocional”, ha escrito “El punto ciego, psicología del autoengaño

Reflexionemos; el autoengaño es una realidad y resulta muy difícil, a veces de plano casi imposible darnos cuenta que lo que no nos damos cuenta.

El autoengaño opera tanto a nivel individual, como colectivo. El precio de la pertenencia a cualquier “tribu” o grupo es eliminar las propias dudas y no cuestionar la forma en que el grupo hace las cosas; el grupo, es un hecho, inhibe toda discrepancia. Se necesita mucho valor e inteligencia para ejercer una dura y sincera autocritica y buscar la verdad. Un buen ejemplo de esto es el fiel y acrítico integrante de un sindicato violento o los serviles seguidores de un “Mesías” político”

¿Por qué el título de “punto ciego? Se aclara que es meramente metafórico, resulta que anatómicamente en la parte posterior del ojo hay una zona, que carece de las terminaciones nerviosas que existen en el resto de la retina. Esta zona constituye un “punto ciego”, que no registra nada y crea una especie de laguna en la información que se transmite al cerebro.

Metafóricamente también, todo lo que llama nuestra atención queda dentro del marco de nuestra conciencia, mientras que aquello que de entrada no nos agrada o no entendemos es desechado y termina desvaneciéndose.

Todas las personas tienen puntos ciegos, zonas en las que son proclives a autoengañarse. Estas lagunas mentales tienden a ser rellenadas con explicaciones que intentan ser racionales o de plano con imaginaciones. Es un hecho comprobado que no percibimos la realidad tal y como es, sino que elaboramos nuestra interpretación particular a partir nuestra personales filias y fobias. Incluso la memoria resulta engañosa, pues contiene una serie de filtros que seleccionan la información que llega a la conciencia. En pocas palabras, la memoria es selectiva.

El autoengaño, por tanto, ayuda a protegerse de la ansiedad o el malestar disminuyendo el grado de conciencia. La negación implica un rechazo a aceptar las cosas tal y como son, supone una escapatoria momentánea antes de enfrentarse con la realidad, pero si mantiene en eso lo único que se logra es empeorar las cosas.

Los políticos tienen muchos mecanismos para mantenerse ajenos a la realidad. Además de la negación, se utilizan mecanismos de defensa como la racionalización, que permite ocultar los verdaderos motivos bajo una explicación lógica, el ejemplo que vemos todos los días es el disfrazar el miedo o la incompetencia como “necesidad de dialogo o de análisis”. Ejemplos, a diario los vemos en México y sobre todo en Michoacán. El autoengaño es en realidad una sofisticación de la mentira.

Concretando; ¿Sirve de algo el autoengaño? No, definitivamente no, sencillamente por que lo que no se afronta no se resuelve. En correcto español, problema que soslaya, estalla.

Eso lo deberían saber nuestros políticos.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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