El tema , la segunda fuga de el Chapo de un supuesto penal de alta seguridad hace unos cuantos días , ha provocado una verdadera tormenta mediática, nacional e internacional, que amenaza con sepultar la escasa confianza que ya pocos tenían en el gobierno de Peña Nieto. El ridículo en que ha incurrido el país golpea, en la línea de flotación, cualquier resto de credibilidad que a estas alturas aun pudiera tener el régimen.
En México la corrupción es endémica, eso no puede negarse, pero tratándose del aparato de justicia, ahí sí que la palabra corrupción se queda corta; si se analiza al detalle la putrefacción invade desde los más altos tribunales de “justicia” hasta el último policía de a pie del mas destartalado pueblo; obvio, no todos, pero según se puede constatar si una inmensa mayoría. La corrupción es el aceite que lubrica el sistema, eso lo ha corroborado prácticamente cualquier ciudadano que haya tenido la necesidad de enfrentar los tortuosos y kafkianos laberintos de la “justicia” en México.
Es más que evidente que una fuga como la realizada por el Sr Joaquín Guzmán Loera , de un penal con las características del de Almoloya, o Altiplano, o cualquier nombre que le pongan, no era posible sin la absoluta complicidad de una gran cantidad de personajes, desde los niveles más bajos hasta un muy alto nivel, tan alto que a muchos nos hace pensar que la corrupción se encuentra en el primer círculo de gobierno , y evidentemente el primen sospechoso es precisamente el Secretario de Gobernación, por acción o por omisión, pues el precisamente es quien está a cargo del correcto funcionamiento de los penales federales llamados de “alta seguridad”. Si no fue el, entonces es alguien de su grupo, con un poder suficiente para lograr hacer ciegos sordos y mudos a todos los encargados de la vigilancia y seguridad del penal. Su renuncia es imperativa, aunque por sí mismo eso no resuelva nada; se debe de ir, por incompetente y ser investigado por probable corrupción.
No puedo menos que comentar también el triste papel que desempeñan varias organizaciones de supuestos derechos humanos, organizaciones que, todo hace sospechar, están financiadas por el crimen organizado y solo sirven para los propósitos que a estos beneficien. De esas hay muchas en todo el país, encargadas de hacer el ruido suficiente, apoyadas por algunos medios, sobre todo impresos, de nebuloso financiamiento.
De nada sirve lamentarse si todo va a seguir igual. Si realmente el gobierno de Enrique Peña Nieto desea limpiar la putrefacción del sistema, cuando menos en el aparato de justicia, la depuración debe iniciar desde los más altos jueces, ministerios públicos, policías, directores de penales, guardias, y así, hasta llegar al último policía del ultimo pueblo. Tarea difícil, pero no imposible. De no hacerse así continuaran los mismos vicios y situaciones tan degradantes y discutibles como las que protagonizó el destituido Juez del llamado “michoacanazo” liberando a quienes nunca debieron ser liberados, o el otro Juez, ese que liberó en la madrugada a Caro Quintero, continuarán repitiéndose para vergüenza de México.
Y sobre la pregunta ¿Corrupción o ineficiencia ; Para mí que son la dos cosas.
Alejandro Vázquez Cárdenas
























