Retomo un artículo de mi autoría escrito hace ya varios años, básicamente porque observo que cada día que pasa, la problemática en Michoacán, lejos de resolverse, da la impresión de que en varios aspectos tiende a empeorar.

La expresión que da nombre a este artículo es ya un cliché en México, aunque algunos no sepan el origen de esta sentencia. La frase original es: ¿Cuándo se jodió Perú?, y es la pregunta que hace un personaje, Zavalita, al inicio de la novela del Mario Vargas Llosa “Conversación en la catedral”. Esta frase da origen a una conversación entre el periodista Zavalita y un antiguo chófer y guardaespaldas de su padre, conversación que va reconstruyendo la vida del Perú durante los años de la terrible dictadura del General Odría.

No hace falta mucho esfuerzo para extrapolar diversas situaciones del Perú de Manuel Odría al México del priísmo y del post priísmo, sobre todo si hablamos de antidemocrácia, fraudes, pobreza, marginación, corrupción e impunidad para los poderosos. Pero lo más triste es que tampoco nos costará mucho trabajo extrapolar algunas situaciones de ese Perú jodido con Michoacán y el desempeño de sus últimos gobiernos.

¿Cambió algo en Michoacán con la alternancia?, la verdad no; continuamos siendo un estado pobre, atrasado, corrupto, con una sociedad que vive de las apariencias y un gran numero de parásitos en las estructuras del poder; si acaso el único cambio experimentado ha sido en la educación pues por obra y gracia de la violenta e indefendible CNTE ya pasamos de estar en los últimos lugares al ultimo lugar absoluto. La Universidad, salvo escasas ínsulas, es apenas una medianía, las Normales michoacanas son una fabrica de agresivos iletrados, las escuelas primarias y secundarias excretan anualmente comaladas de analfabetas funcionales. El común denominador de muchos funcionarios estatales es la mediocridad pero sobre todo el miedo o de plano la cobardía; la ausencia de autocrítica es total. Hay un vacío de autoridad, por incompetencia y corrupción, que los grupos de la delincuencia organizada se han aprovechado para trabajar cómodamente y a sus anchas.

En la dinámica política no hubo ningún cambio concreto, ni con el PRI, luego el PRD y finalmente el retorno del PRI variaron en algo la corrupción y la ineficiencia. El amiguismo, los compadrazgos, los negocios entre “cuates” siguen siendo los engranes de la maquinaria estatal. Todo, absolutamente todo, es lo mismo, solo cambió el color de las pancartas y los emblemas. Es más, para muchos el retorno del PRI empeoró las cosas pues la corrupción, ya establecida, se institucionalizó.

¿Qué nos espera con el próximo gobierno surgido del PRD? Si somos realistas y hemos visto el historial de este partido en México y Michoacán, podemos asegurar cuando menos una cosa, la violenta CNTE seguirá mandando en el Estado, su impunidad continuará y para mayor vergüenza los policías municipales o “fuerza ciudadana” seguirán protegiéndolos por si acaso algún ciudadano llegara a intentar defenderse de la ira destructiva de estos personajes; La CNTE continuará deteriorando la de por si pésima educación y arruinando el futuro de generaciones completas de niños. En cuanto a la seguridad y el funcionamiento del “aparato de justicia” en el Estado, en eso sinceramente no espero mayores (ni menores) cambios, este problema implica la etología y esa tarea rebasa con mucho los alcances de un gobierno estatal.

Así es que, retomando la pregunta ¿Cuándo se jodió Michoacán? La respuesta es, cuando sus ciudadanos decidieron tolerar a sus incompetentes y corruptas autoridades.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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