La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en menos de diez días ha sentenciado los más de 7 mil amparos solicitados por militantes y simpatizantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Colocó un resolutivo que sirvió de criterio para todos: SOBRE LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES DOCENTES ESTÁ EL DERECHO A UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD DWE LSO NIÑOS DE MÉXICO.

En base a lo anterior, la evaluación docente es constitucional y obligatoria, además; por otro lado, con sus resoluciones desplomó, inhabilitó todo el esquema del llamado Escalafón para promociones, ascensos y categorías de los trabajadores docentes, y administrativos. Para tener designaciones, promociones, ascensos y re categorizaciones los interesados deberán sujetarse a los exámenes de evaluación docente. No hay más.

Finalmente, en la sesión del pasado martes 29 de junio, la Suprema Corte avala, da luz verde, el despido de docentes faltistas: El pleno de Ministros consideró que ES VÁLIDO EL ARTÍCULO DE LA LEY GENERAL DEL SERVICIO PROFESIONAL DOCENTE, QUE FACULTA A LA AUTORIDAD A SEPARAR DE SU CARGO AL MAESTRO QUE FALTE A SUS LABORES SIN CAUSA JUSTIFICADA POR MÁS DE TRES DÍAS O DISCONTINUOS EN UN LAPSO DE 30 DÍAS NATURALES, SIN NECESIDAD DE QUE EXISTA RESLUCIÓN PREVIA DEL TRIBUNAL FEDERAOL DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE O SUS EQUIVALENTES EN LAS ENTIDADES FEDERATIVAS.

Los ministros validaron también el procedimiento previsto en el artículo 75 de la ley citada para despedir a quienes falten 3 días seguidos o discontinuos y, además, determinó que el SNTE NO ESTÁ FACULTADO PARA INTERVENIR EN EL PROCEDIMIENTO EN EL QUE UN PROFESOR SEA DESPEDIDO DE SU CARGO, CUANDO ÉSTE NO APRUEBE LA EVALUACIÓN CORRESPONDIENTE.

En esta ocasión, EL PLENO DE LA CORTE CONSIDERÓ QUE SE TRATA DE UN PROCEDIMIENTO SANCIONADOR Y QUE NO VIOLA EL DERECHO DE AUDIENCIA NI LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES DE LOS MAESTROS.

Con estas resoluciones, la CNTE se queda sin un escudo ni un arma para defender sus demandas y exigencias.

Al buen entendedor, pocas palabras y no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego, que el que no quiere ver.