Ayer terminó una fase de la batalla entre una pequeña nación y en Estado muy soberbio, altanero, arrogante y altivo, Grecia, entre monstruo de muchas cabezas: la Comunidad Europea, Unión Europea y el Banco Central Europeo…la bíblica y clásica batalla entre Goliat y David.
¿Quién ganará? Como ya se sabe, ganó el NO.
Lo clásico, lo bíblico es que el David, derrote al gigante, pero en la práctica y terca realidad eso no es posible, pues no hay ni un Dios, ni Yahvé, ni Zeus, que puedan ayudarle Alexis Tsipras y a su partido Tsiriza, de corte Izquierdista, comunista.
En realidad, no está a discusión si Grecia debe, o no debe, permanecer en la Unión Europea, en el Banco Central Europeo o en la Gran Comunidad y tener como moneda el Euro, ni regresará al Dracma – o Drajma -; esos son puntos que envuelven la lucha en ente m omento y cada posición hace gala de sus estrategias y tácticas.
Lo que está en juego es la soberanía, la independencia, la libertad, la autonomía de los ciudadanos griegos de tener la forma de gobierno que ellos quieren y desean.
Una gran cantidad de ciudadanos griegos – cerca del 50% – ya no aceptan las acciones intervencionistas de la Unión Europea en los asuntos internos de la vida de la nación: limitar salarios, reducir pensiones, imponer el IVA en determinados sectores de la vida económica del país, incrementar impuestos, limitar la creación de empleos y otras acciones de la administración pública.
Éste es el punto: Soberanía, libertad, autonomía e independencia económica, política y administrativa o dependencia y sumisión.
Las dos posiciones están muy definidas y también saben sus consecuencias; si el plebiscito se decide por el SÍ, el gobierno de la coalición encabezada por el partido Tsiriza deberá convocar a otra elección porque ese es vinculatorio con un programa de acción que Alexis Tsipras combatió y se opuso. Pero será, una determinación libre y soberana del pueblo griego
Si la mayoría se inclina por el NO, como finalmente fue, un NO, apretado, pero no, finalmente. Es un hecho que habrá turbulencias económicas, no políticas, pero será una decisión soberana, libre, del pueblo griego, también y es muy posible, y probable que sea esta la decisión de la sociedad griega. Así podrán reestructurar su deuda, proponer otros plazos y hasta podría haber “quitas”, pero el camino estará lleno de piedras, pero será muy posible recorrerlo con el respaldo de la ciudadanía griega.
La suerte del gobierno de Tisiriza y Alexis Tsipras está en un volado.






















