Finalmente, el proceso administrativo de la jornada electoral, prácticamente terminó el domingo pasado, 14 del presente y fueron entregadas las mayorías de constancias de elección mayoritaria a quienes resultaron triunfadores pro la voluntad ciudadana.
Ahora faltan dos fases, porque así lo marca la ley y, como coloquialmente se habla en el béisbol: esto no se acaba hasta que se acaba, ahora continúan las fases técnico-contables y la jurídica: Los cortes de caja para acreditar que no hubo rebase – en más del 5% – de topes de campaña y los fallos de los dos niveles de los tribunales jurídico-electorales: las resoluciones de las salas regionales y/o de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Y Hasta la toma de Posesión de todos, terminará este juego de la democracia michoacana.
En realidad, hablando en plata, no hubo sorpresas:
Desde el inicio y desarrollo del proceso se veía quien podría ganar y ganó: tenía casi cinco años trabajando políticamente en el estado, desarrollando, consolidando su imagen y amarrando compromisos.
Desde el comienzo y avance del se sabía que MORENA le quitaría votos a algunos partidos, entre ellos al PRD, y así fue y, que muy posiblemente entre ambos se disputarían el tercero y cuarto lugares como fuerzas y pesos políticos, y así sucedió.
A partir del momento inicial de la campaña política, se suponía que habría un nuevo mosaico, nuevo rostro y nuevos pesos y contrapesos en los partidos políticos y representaciones y la finalización del proceso administrativo, así lo mostró.
Poco antes del comienzo del proceso casi todos los conocedores de las cuestiones electorales informaron, difundieron y dijeron que sería una elección muy terciada y, efectivamente, lo fue.
Desde el mismo principio del proceso se expresó que ningún partido político – nacional y localmente –ganaría si competía en el proceso electoral solito y así resultó.
A partir del disparo de arranque de la campaña – tanto nacional, como localmente – se sabía que ningún partido político en Michoacán, tendría la mayoría natural: 50% +1 de la votación y que gobernaría la minoría más grande. Y así resultó. Nacionalmente, el PRI, por las dos vías, tiene 250 diputaciones, con la suma de los 47 del PVEM. Aun así no es la mayoría que se buscaba, necesita un voto, un voto…”mi reino por un caballo”, expresó Ricardo III/William Shakespeare. Luego entonces, la presidencia de la República-el PRI está obligado a construir otra nueva mayoría y gobernar con minorías, como lo hizo en la primera mitad de la administración – que lo trataba de evitar, pero no lo logró, no le alcanzó o no cedió lo suficiente. Veremos cómo se llamará ahora la nueva mayoría artificial que gobernará el poder Legislativo del H. Congreso de la Unión.






















