Estamos a días de la jornada electoral y aunque nada está escrito, todo puede pasar; las encuestas se han dado vuelo y los medios de comunicación de masas han llenado las páginas, los minutos y las pantallas con promocionales, ofertas y promesas de campaña de todos y de cada uno de los candidatos; lo único cierto es que nada está escrito para nadie, pero… ¡hasta la Iglesia afirma que será una elección muy difícil! ¡Cómo estará el Infierno que hasta el mismo Diablo se sale!
Desde el inicio se dijo que esta elección sería una elección muy terciada: Ninguna de las tres fuerzas con mayores posibilidades de ganar, obtendrá en las runas más del 40% de quienes vayan a votar. Está por descontado, y es sabido, que cada partido tiene su estructura, su peso, su voto asegurado, Le llaman su piso electoral, su voto duro, pero, con el correr del tiempo éste ha ido disminuyendo y, a la inversa, ha ido creciendo y en relación directa, el llamado voto de castigo, voto razonado, voto diferenciado – que siendo distintos, al final, son los mismo: un voto que no es por quién se había votado anteriormente y se contaba como seguro. Esto cambó ya.
Como ninguno de los tres partidos mayoritarios tiene la seguridad de llevarse el triunfo con su propio cargamento de votos de la militancia suya, está creciendo el uso y costumbre de formalizar pactos con el “Otro” con el objetivo de que no llegue al poder “Aquél”. Se habla entonces de las alianzas y coaliciones y declinaciones y en estos días estamos por conocerlas, de darse: mucho se habló, a nivel nacional, de declinaciones del PAN en favor del PRD, rumor que automáticamente fue desmentido, pero…podría ser en el polo opuesto o contrario o contradictorio… ¿Cómo saberlo?
Igualmente se ha hablado de los “gobiernos de coalición”. Esa figura no es nada recomendable; porque, inicialmente, el candidato-partido que llega al poder debe gobernar con la estructura administrativa de su militancia, porque si gobierna con militantes de otro partido, se corre el riesgo, casi seguridad que trabajará para él mismo y para su partido, no para la administración ni para el pueblo.
Estos gobiernos de coalición son resultados de un pacto con fuerzas que fueron desleal a su partido – de lo que está llena la historia de la política de todo el tiempo y de todo el mundo -.
Y sería un gobierno de desleales y este tipo de amasiatos políticos no sobreviven al tiempo.
Por otro lado, también se habla de gobiernos de composición y/o cogobiernos, que son efectos del acuerdo que tuvo la personalidad que llega al poder y que, con designaciones y espacios para X, Y, W, Z personas o grupos, administra y atiende las prioridades de la sociedad. Es, exactamente lo mismo; lo más grave es que estas composiciones o co-gobiernos fueran o sean con las fuerzas oscuras y negativas de la sociedad.
Una figura no muy difundida, pero sí conocida en el estado nuestro, es lo que vivimos en Michoacán. Todas estas “figuras de gobierno” debemos desterrarlas, porque no son las recomendables para el éxito de la administración ni para el beneficio de la sociedad.























