Lo que no se deseaba está a flor de piel; lo que se trataba de evitar, la presencia del México, del Michoacán Bárbaro -, se está manifestando; lo que, políticamente, con actos de política pública del Estado – se intentó detener, resolver, está presente y los muertos, sean del bando que sean, es muestra evidente de que las políticas públicas aplicadas no fueron el medicamente recomendado; resultó, en términos de resultados, improductivas, estériles, inútiles.
A la luz de los acontecimientos, haber legitimado, institucionalizado, así como así, a todos los tipos de todas las autodefensas, guardias comunitarias, etc., fue un error que se está pagando con sangre.
Michoacán está en un segmento geográfico, en una franja territorial muy especial que corre desde el noreste del golfo, cruza el centro del país y se manifiesta en el sur: Tamaulipas, Veracruz, Jalisco, Colima, Guanajuato, estado de México, Michoacán, Guerrero, Oaxaca; ya no hablemos de rutas del narcotráfico, del trasiego de enervantes; es el control territorial para delinquir en todos el espectro=abanico de la delincuencia organizada.
Y esta situación muestra una ineficaz acción de la autoridad, del gobierno, del Estado; no son escasas ni menores las evidencias de la complicidad de elementos, mando y autoridades de seguridad pública en estos actos, pero lo que sí son pocos son las acciones del estado, del gobierno, de la autoridad para identificar, actuar y proceder en contra de este tipo de elementos negros, opacos y negativos para la sociedad; pareciera que existen compromisos para el inmovilismo o tortuguismo o mala integración de los expedientes, cuando se procede y se detiene.
¿Dónde están las acciones de procuración y administración de justicia en los casos de los asesinatos en Yurécuaro, Tanuhato, Apatzingán, Buena Vista, etc., etc.?
Todo esto debe detenerse, resolverse con acciones claras, imparciales, justas, del Estado, mostrando que vivimos en un Estado de Derecho, en una sociedad regidas por leyes y que nadie está por encima de la ley.
Caso contrario seguiremos viviendo, sufriendo y enterándonos de más y más muertes – individuales, colectivas-masificadas, evidenciando que somos un estado sin autoridad, sin gobierno y que somos una sociedad inercial.
Nada justifica la violencia, que como las guerras – evidencia del fracaso de la política -, aquélla es el fracaso de la justicia.






















