Está registrado que el candidato Silvano expresó, algo así: las encuestas dicen que ya gané – o ganaré -. También dijo: ya gané la campaña.

Por estas dos afirmaciones, transcribo parte de la columna CARTA DE VIAJE, de Carlos Tello Díaz, publica en MILENIO, diario, en su edición del día 14 de mayo, del presente año. La cabeceó así…

CUESTIONAMIENTO A LAS ENCUESTAS.

En el correo electrónico con que fue presentada su tercera encuesta@GranEncuesta, Consulta Mitofsky añadió una nota al final del texto, que dice así: “¿Vieron lo que pasó en el UK?
Es lo mismo que ha pasado en Brasil, Colombia, Costa Rica, El salvador, Panamá, Venezuela y hasta en EUA y México; es hora de entender que lo de no son pronósticos, es más que una frase, es la realidad, porque no es la función de la medición de las opiniones ciudadanas”. No comparto esta opinión de mis amigos Roy Campos y Marcelo Ortega. Las encuestas son, en efecto, diagnósticos, no pronósticos. Son una foto que muestra el estado de las prefere3ncias en el momento de ser levantadas – preferencias que cambian con el tiempo -. Pero las encuestas también son una proyección de los escenarios más probables. Una serie de diagnósticos, hecho de manera regular por un periodo prolongado, es, sin duda, capaz de mostrar una tendencia, que se confirma o se desmiente conforme se acerca el día de la elección. Las encuestas más cercanas a la fecha de las elecciones, si confirma la tendencia, son una predicción de lo que habrá de suceder. Si la predicción resulta equivocada, tenemos derecho a suponer que la encuesta estuvo mal hecha. Es lo que acaba de suceder en el Reino Unido. Las encuestas fueron las grandes perdedoras de las elecciones, junto el Partido laborista. Todas ellas mostraban, hasta el final, una elección muy apretada(…)El conjunto agregado de las encuestas daba 277 escaños a los Conservadores y 267 a los Laboristas, una elección muy pareja, pero el resultado final fue 331 para los Conservadores y 232 para los Laboristas. Una gran victoria y una gran derrota. ¿Qué sucedió?
“Puede ser que la gente le mintió a los encuestadores”, escribió un editor en The Guardian. “Lo que parece que pasó es que la gente dijo una cosa a las encuestas, pero hizo otra en las urnas”, coincidió uno de los encuestadores más famosos, presidente del YouGov. Puede ser, en cuyo caso es un problema que las encuestas deben resolver, pero no me parece que así haya sido, porque el exitpoll predijo con exactitud el resultado final: la gente que votó no sintió la necesidad de mentir para dar una respuesta socialmente aceptable. LOS MERCADOS DE APUESTAS, POR CIERTO, A PESAR DE QUE TAMPOCO PREDIJERON EL TRIUNFO ABRUMADOR DEL PARTIDO CONSERVADOR, TUVIERON SIEMPRE, CONSISTENTEMENTE, A LOS CONSERVADORES ARRIBA DE LOS LABORISTAS. TRES DÍAS ANTES DE LA ELECCIÓN, CUANDO AMBOS PARTIDOS ESTABAN EMPATADOS EN LAS ENCUESTAS, BETFAIR, EL MERCADO DE LAS APUESTAS MÁS GRANDE EN INTERNET, MOSTRABA QUE EL PARTIDO DE CAMERON TENÍA EL 83 POR CIENTO DE PROBABILIDADES DE GANAR LA MAYORÍA DE LOS ESCAÑOS EN EL PARLAMENTO. Las encuestas fueron así más certeras que los encuestadores.

Hasta aquí tomo. Las mayúsculas son mías. Hay una enorme diferencia entre la encuesta y la exitpoll. Y ésta está basada en la disposición de la gente consultada y en la circunstancia de tiempo y lugar: el día de la elección, después de votar y a la salida de la casilla.

La verdad es que no sabemos cómo van a quedar, lo que sí es seguro es que los partidos perdedores no van a aceptar los resultados, ni sus dirigentes van a renunciar. Finalmente NINGUNO DE LOS CANDIDATOS DE LOS TRES PARTIDOS, CON REALES POSIBILIDADES DE GANAR PIERDEN: REGRESAN AL H. CONGRESO DE LA UNIÓN.