Por considerarlo interesante, tomo unos párrafos del artículo de Mario Provencio, que con el título de “UNA RADIOGRAFÍA DE NUESTRA RELIGIOSIDAD”, publicó MILENIO, diario, en su edición del día 17 del presente mes.
“Cuatro de cada cinco mexicanos nos decimos católicos, pero ¿ello qué significa?, Comentando en la edición actual de la revista ESTE PAÍS acerca de la encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa “Creer en México” 2014 (www.encuesta creer en México.mx), don Lorenzo Servitje, el impulsor de la encuesta, afirma: “somos católicos de la BBC…bautizos, bodas y comuniones”. Lamentablemente, los resultados de la encuesta lo confirman.
Nuestro catolicismo obedece más a una costumbre heredada que a una convicción asumida. Tiene más de museo tradicional que de taller práctico interactivo, y se oye más como un solista perdido en el desierto – por virtuoso que sea – que como una orquesta intentando hacerse oír entre el gentío de la urbe – por desafinada que esté -.
Para un país en el que el 79% de su población se dice católico, el que sólo el 5% señale participar en alguna organización social, una, la que sea, dedicada a la educación o al medio ambiente, a los derechos humanos o a la colonia en la que habitan, inclusive a cuestiones religiosas mismas, es un contrasentido que solo puede entenderse si la práctica es aquella propia de la “BBC”.
Y, bueno, y ni modo de cómo entender que más de la mitad de los católicos señalen no creer en algún tipo de vida después de la muerte, poniendo en duda uno de los aspectos torales de su propia fe: la resurrección. Digamos, pues, que se trata de un catolicismo muy a la mexicana, con su buena influencia, tanto juarista como guadalupana, revolucionaria como institucional”, liberal como pretendemos ser, pero conservadora como somos en realidad. Digamos, también que se trata de un catolicismo obligado a coexistir cada vez más y de mejor manera con una pluralidad religiosa que no tiene regreso y que tampoco tiene una estabilidad garantizada.
Acaso hay quien piense que todo esto es relevante solo para los interesados en conocer de números y de encuestas. Qué únicamente sirve para los auditores del estado de la conciencia nacional, para los responsables del marketing de la fe, para los gerentes en destinos de boda o agencias funerarias. Y sin embargo, es difícil pensar que buena parte de los fenómenos sociales de las últimas décadas no tengan relación alguna con la pérdida de espiritualidad que nuestra supuesta modernidad genera a su paso.
Y usted ¿es católico BBC? ¿O católico de usos y costumbres? ¿Católico tradicional? ¿O católico moderno?
Y para no perder la costumbre, otro, casi refrito: Carlos Alberto dice en su columna JUEGO LIMPIO, publicada en MILENIO; en su edición del miércoles 22 del presente: DE LA POLÍTICA AL DEPORTE. “2.- Por otro lado, una designación del presidente Peña Nieto, pone como administrador del deporte nacional a uno de sus allegados, Alfredo Castillo, que como ya comprobamos, es aprendiz de todo y oficial de nada. A mí me parece francamente ofensivo para los mexicanos y obviamente para el deporte nacional…¿Cómo entender que la máxima autoridad deportiva de México sea una persona que camina por la vida con la pesada lápida de no haber sabido aclarar a la sociedad asuntos muy dolorosos y sangrientos que aún permean y se comentan en los medios nacionales e internacionales con gran indignación y molestia?…Y ya de experiencia deportiva, mejor, ni hablamos, obviamente no la tiene, aunque él cree que no la necesita…Ya veremos”.





















