Hoy en todo el país se festeja y conmemora la victoria de las armas nacionales contra el ejército extranjero – específicamente la coalición Franco-Belga-Austriaca -, que se enfrentaron en Puebla de los Ángeles, con la finalidad, abierta, explícita de cobrar la deuda extranjera, pero con el objetivo oculto de imponer un emperador de origen europeo.

Aunque, inicialmente la victoria mexicana en Puebla de los Ángeles, el 5 de mayo de 1862, detuvo a las fuerzas expedicionarias, el avance extranjero continuó y se apoderó de casi todo el territorio francés, pero siempre les quedó a los mandos militares franco-belgas esa astillita en el costado, con el agravante de que nunca pudieron establecer un Estado formalmente hablando y el proyecto de instalar un emperador, descendiente de casa Real Reinante en Europa, quedó en un sueño que se desvaneció con los triunfos de las armas nacionales, que arrollaron a la coalición y los vencieron, desde el Norte, el Oriente, pasando por Oaxaca y finalmente los arrinconaron en Querétaro, finalizando el sueño en el Cerro de Las Campanas.

Fue tan importante este triunfo, reivindicativo de la Soberanía Nacional que, después de la derrota del ejército invasor, reestablecida la República en 1867, y ya en el siglo XX, los gobiernos constituidos por la Revolución Mexicana, fijaron esta fecha como Día de la Soberanía Nacional y los conscriptos del Servicio Militar Nacional juran Bandera y protestan servir al país, este día, 5 de mayo.

Tal como lo expresó Jacques Attali, uno de los creadores del Banco Central Europeo y de los ideólogos de la Unión Europea, ahora en este mundo tan interrelacionado, tan dependiente y globalizado, debemos aceptar otras formas de soberanía, por cierto muy difícil de mantener, puse el dinero, el billete y la ganancia, no tienen ni moral, ni patria y muchos países o casi todos, hasta dentro del grupo de los 5+1 o de los 10 o de los 20 – las conformaciones de grupos económicos según los intereses o dentro del grupo de los más desarrollados, de la OCDE, ya no se diga de los llamados países emergentes, se han aceptado la pérdida de la soberanía nacional y ahora las batallas se libran en los bancos y consorcios financieros.

Ahí están los actuales ejemplos de Argentina, Chile, en un grupo y Grecia, Portugal, España, por otro y por el otro, opuesto, de Alemania. Los primeros, han perdido territorialmente su suelo y han aceptado que portafolios de inversionistas sean propietarios de más del 60% de la propiedad agrícola y ganadera; los otros, como Grecia, han tenido que someterse a las intervenciones en sus cosas de la administración pública por los Bancos Mundiales, como el FMI, el BM y el Banco Central Europeo que para prestarles dinero y obligarlos a pagarlos les imponen medidas sumamente rígidas de tipo financiero y administrativo, que han generado movimientos políticos y cambios en los gobierno. Finalmente, está el otro caso, el de Alemania, que, lo que no pudo logar en la década de los 40s, con la II Gran Guerra, lo alcanzó en la posguerra con la Unión Europea y el Banco Central Europeo: Todos les deben dinero y ella dicta el son con el que baila toda Europa.

Este hecho singular – el 5 de mayo de 1862, hace 153 – fue una lucha por nuestra soberanía y nacionalismo y debemos estar orgullosos por el triunfo.