El remedo=mascarada de aplicación de la justicia en el caso de la ocupación, desalojo y detención de las personas que tomaron el edificio de poderes municipales de Apatzingán, no puede ser ni quedar como lo dejó el ahora presidente de la Comisión Nacional del Deporte, Alfredo Castillo Cervantes; la justificación de las autoridades judiciales locales es un explicación jurídica que causa una mezcla de risa y espanto al considerarlo como muestra del manejo de la procuración y administración de la justicia, indicadores de que no vivimos en un estado de Derecho y sí en la selva, en donde impera su ley: la Ley del más Fuerte.
Sucede lo mismo con el hecho de la justificación jurídica – ¿la verdad jurídica? – sobre los muertos que resultaron de ese operativo. Es inaceptable la explicación que se sostuvo porque lo dijo la máxima instancia-autoridad jurídica, policial en el estado, pero es increíble lo que se asentó como crónica de los hechos.
Desde el mismo momento de la difusión – la inmediatez de la comunicación electrónica – de los sucesos, en el teatro de los acontecimientos, se mostró la realidad y para sostener esa realidad se filmaron, por manos que no eran anónimas, las imágenes, que contradijeron la verdad jurídica y oficial.
Que intervenga la Comisiones Nacional de Derechos Humanos, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y hasta la Comisión Internacional de Derechos Humanos es sumamente lógico: Los muertos claman justicia, los familiares de las víctimas demandan y exigen justicia, pero ahora por partida doble: llevar a los tribunal a quienes desviaron, sesgaron la línea de la investigación y de la procuración y administración de la justicia y justificaron ese crimen colectivo.
Y llevarlos ante los tribunales, no importando el lugar donde estén y sean lo que sean, pues ese asesinato no puede quedar así como así: Impune
Apatzingán no debe ser ejemplo del desarreglo de las cosas que vino a realizar el Virrey Castillo; Apatzingán no debe ser un ejemplo de las consecuencias de respetar los pactos con los delincuentes; Apatzingán no debe ser ejemplo del nuevo Michoacán que, dijeron se estaba pariendo en ese momento…De ser así, Apatzingán es un aborto de la aplicación de la justicia y de mal arreglo de las cosas.
A la inversa, Apatzingán debe ser un ejemplo de la existencia y aplicación del estado de Derecho y de vigencia de las leyes, porque vivimos en una sociedad regidas por leyes y en la que nadie está por encima del derecho y de la justicia.
Apatzingán clama justicia y estamos obligados a dársela.






















