El pasado jueves 16 del presente, el señor presidente de la República, por las facultades constitucionales de que está investido nombró director general de la CONADE – Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte – a Alfredo Castillo Cervantes, ex Comisionado Federal para la Seguridad y Desarrollo Integral de Michoacán.
Dado que el nombramiento era inesperado, automáticamente se dieron las especulaciones y se centraron en dos únicas: Un premio o un castigo. Sea una cosa u la otra, lo cierto es que es el séptimo Director general que llega a la CONADE, desde su creación, en 1988 y es el segundo que, calificado como político, que arriba a ese ente técnico-administrativo-político-deportivo: Raúl González, Ivar Sisniega, Nelson Vargas, Carlos Hermosillo, Bernardo de la Garza y Jesús Mena fueron sus antecesores.
Blindar la Olimpiada Nacional y el seguimiento a la preparación de los atletas potenciales y seleccionados para los Juegos Panamericanos, será la primera tarea de este nuevo director; la primera inicia la próxima semana y para la justa continental se empiezan a definir los seleccionados, mismos que requerirán que fluyan los apoyos para garantizar su mejor preparación y estar en condiciones de disputar los mejores puestos=mejores resultados, pues los que menos deben sentir los efectos de un cambio son los deportistas.
Con la designación de Alfredo Castillo Cervantes será la segunda ocasión en la historia de la CONADE – 27 años -que llega un “político” – aunque éste tiene corte de policía que de político -. Si bien en los estados es una práctica común que personas con perfil político dirijan el deporte, a nivel federal únicamente se había dado una vez y seguramente será muy cuestionada su actuación…
Ojalá que tenga libertad de acción y que, primero, haga gala de sus relaciones con el círculo de los Hombres del Presidente y fluyan los recursos para el deporte nacional y, segundo Primer encuentre a las mafias, a los carteles, a los capos, que controlan al deporte y a los malos deportistas de pantalón largo que viven a expensas del deporte y del deportista nacionales.
Se habla mucho de su perfil de deportista, pero si lo es, es de deporte con poca, poquísima práctica y, por eso mismo, practicado por quien tiene tiempo y dinero: elitista y en esos deportes al no ser populares, carecen de interés y de competencia; por otro lado, si no es premio – ninguna de las posiciones a la representación popular federal, ni de mayoría relativa ni las de regalo, las plurinominales -, así que, mejor co cedamos el privilegio de la duda.
Por lo pronto, le deseamos lo mejor y que sea para el bien del deporte, y deportistas mexicanos.























