Terminó el llamado  Horario de Verano y, según fuentes oficiales, después de siete meses de aplicación – impuesta legalmente -, y por décima sexta ocasión,  nuestro país ahorró 273 millones de pesos por el aprovechamiento de energía y evitó o dejó de emitir, en este 2012,  a la atmósfera 677 mil toneladas de bióxido de carbono, principal gas contaminante que provoca el calentamiento global, así mismo, durante los últimos meses, gracias al Horario de Verano se dejó de consumir el equivalente a 1.8 millones de barriles de petróleo.

Estas cifras son preliminares proporcionadas por la Secretaría de Energía e indican que la contribución del cambio de horario este año implicó un ahorro energético de mil 14.26 gigavatios por hora, lo que es equivalente al consumo total anual del estado de Campeche en el 2011.


Precisamente este fue el anzuelo para que la sociedad nacional, entre remolona y  resignadamente,  aceptara  la imposición del Horario de Verano: el ahorro de energía doméstica, que según afirmaciones, presidencial y de los técnicos de la Comisión Federal de Electricidad, “Se vería reflejada en el bolsillo de las familias”, hecho económico que jamás se vio ni se sintió.

Lo cierto es que gracias a este Horario de Verano, buena parte de nuestras actividades económicas se configuraron con las actividades económicas de los Estados Unidos de Norteamérica y de Canadá – por cuestiones de seguridad, se afirmó – y curiosamente nuestro país tiene más de tres horarios: el Horario del Centro, el horario del pacífico y el horario de la costa Este, cuando, de 1996 hacia atarás únicamente se tenían dos: el del Centro y el del Pacífico; 33 municipios de la franja fronteriza norte, el Horario de Verano inicia el segundo domingo de marzo y concluye el primer domingo de noviembre y en Sonora no se aplica porque esa entidad  tiene un comercio fuerte con Arizona y en ese estado no existe el Horario de Verano y, otra curiosidad más, cuando se manifestó el rechazo popular sobre esta determinación presidencial y que usando la vía legal llegó al H. Congreso de la Unión  y el gobierno del Distrito Federal pretendió realizar modificaciones y proponer horario para el Centro del país,  el asunto llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, órgano superior sobre interpretación de la Constitución, su fallo-determinación fue tan “chimoltrufia” y “cantinflesca” que no aseveró nada, dejó las cosas como estaban – con el nuevo Horario de Verano  – e impidió que el gobierno del Distrito Federal y los estados del país legislaron sobre los horarios.

Pese a estos beneficios existen sectores de la población que no están del todo conformes con la medida, mas estudios realizados por organismos especializados del gobierno federal – ninguno privado o internacional, autónomo –  que muestran que el Horario de Verano no produce efectos perniciosos en la salud ni en la seguridad pública ni en el desempeño de las actividades de las personas.

Así que no existe una razón real, científica y de la sociedad  mexicana que justifique este Horario de Verano, más que las razones de tipo económico que nos ligan aun más con la economía de nuestros socios del Norte y del TLC y lo seguiremos disfrutando y/o sufriendo.